viernes, 6 de noviembre de 2015

BATU CAVES LO EXÓTICO DE KUALA LUMPUR



Para los que han estado viajando por el Sureste de Asia por un tiempo, Kuala Lumpur es un breve respiro del caos característico de la región; una ciudad globalizada que goza de muchas de las comodidades que dejamos atrás en casa. Para los que vienen llegando, es un puente que suaviza la transición al pandemonio de ruidos, olores y sabores que está por venir; una ciudad moderna que alberga una fusión de culturas netamente asiáticas, pero sin ser obra del mismo cirujano plástico que creó Singapur. En buena medida es más auténtica y está más viva.

Para algunos es Asia. Para otros no. Es y no es.

Seguramente ya has escuchado sobre las Torres Petronas. Las recordarás de algún anuncio, una postal o tal vez de un churro de película con Sean Connery y JLo. La visita es obligada –la iluminación nocturna es increíble- pero después de un par de horas de contemplación, no hay mucho que ver y si no estás mucho en el ajo de la arquitectura moderna, difícilmente te harán sentir diferente. En otras palabras, no creemos que sea lo más especial –o sui géneris- de Kuala Lumpur.

Sabemos que probablemente has visitado templos hasta el cansancio durante tu viaje y puede que ya te quieras dar un tiro de tan solo escuchar sobre otro más, pero aquí te vamos a recomendar uno muy especial. Seguramente ya habrás visto estatuas del Buda acostado, sentado, parado, saltando, sacándose un moco, o hasta bailando reaggetón. Tal vez también viste algunos templos taoístas o chinos en Vietnam. Pero lo que definitivamente no hay en ningún otro lugar del Sureste de Asia –o no a esta magnitud- es un templo hindú. Si no has tenido la oportunidad de visitar alguno de estos en el sur de India, una visita a las Batu Caves te vendrá de maravilla.

Ahora, si los templos no son lo tuyo … va a ser complicado viajar por el Sureste Asiático, están por doquier.


¿Qué son las Batu Caves?

Se trata de un sistema de cuevas en una montaña de roca caliza cubierta de vegetación tropical con varios templos al interior. Justo de ese tipo de lugares de los que uno no se explica de dónde les salió la idea de construir un sitio religioso: inhóspito, de difícil acceso, y de difícil mantenimiento. La cueva principal, la Temple Cave, se encuentra en la cima. A la entrada te recibe una majestuosa estatua dorada del dios a quien está dedicado el tempo, Sri Murugan, que es suficiente para hacer que la visita valga la pena. Con 43 metros de altura, es la segunda estatua hinduista más alta del mundo. Tal vez da un poco igual saber quién diablos es Sri Murugan, pero para los curiosos, se trata de una representación del señor de la guerra: Katrikeya, Skanda, Murugan, Kumaran, Kumara Swami y no sé cuántos más aliases.




Para llegar a la cima hay que subir 282 escalones y sortear una banda de monos que harán que el carterista más talentoso de tu ciudad parezca un niñato. Tranquilo, tal vez sean unos delincuentes pero no son agresivos. Tampoco venderán tus cosas al contrabandista de su barrio, así que si te llegan a arrebatar algo posiblemente lo tiren al suelo cuando descubran que no había comida adentro.

¿Cómo llego?

No te costará mucho trabajo llegar a las Batu Caves. Puedes tomar por 2.5 ringitts el autobús U6 desde Medan Pasar, que se encuentra justo debajo del edificio de HSBC a un costado de la plaza del reloj, justo afuera del Central Market. El autobús toma 45 minutos en llegar y te deja a dos cuadras de la entrada. Otra opción es tomar el metro hasta la estación Batu Caves. Esta opción es más rápida pues toma solo 25 minutos, pero su costo es variable dependiendo de qué tan lejos vengas y de cuántas veces cambies de línea.

De regreso sí es más sencillo tomar el metro pues el acceso a la estación está a un costado de la entrada –a un lado de una enorme estatua verde del dios Hanuman- aunque posiblemente también lo puedes hacer por autobús, solo que tendrás que investigar dónde es la parada.



¿Cuánto cuesta?

¡Nada! Si visitas solamente el templo, no tiene ningún costo. A la subida te pedirán que te cubras las piernas con un sarong, si no llevas uno ahí mismo puedes rentarlo. Es raro, hay gente que lo lleva y hay gente que va en shorts sin problemas, no sabemos de qué dependa, así que queda a tu juicio.  

Ya en el templo, el brahmán (el sacerdote, pues) te pedirá que te acerques para que te de una bendición. Si quieres seguirle el juego, has de saber que al final te pedirá que pongas un “donativo” –sí, esto incluye la experiencia completa de los templos hindús-  en una charola. Nosotros vimos que los locales dejan entre 2 y 5 ringitts, aunque si le das oportunidad intentará que te ponga más “generoso”, incluso se ofrecerá a traerte cambio si le muestras que solo traes billetes grandes. Pero vale, tampoco muerden y recuerda que no es un asalto, es una experiencia más que seguro recordarás por mucho tiempo. Además, recuerda lo que son dos ringitts en tu moneda.


Si lo tuyo es lo jarcor visítalas durante el Thaipusam

El Thaipusam es una celebración tamil que cobra proporciones insólitas en este lugar. Miles de turistas y cerca de un millón de peregrinos acuden al templo en esta fecha para mostrar su devoción a Sri Murugan. Muchos de ellos realizan un kavaddi, que significa penitencia, y podrás verlos ver cómo se perforan la lengua, mejillas y espalda para hacerla más dolorosa. Ya sabes, no pain no gain. En fin. 




Bonus: Dark Cave

Poco antes de llegar al final de la subida encontrarás una desviación a un paseo por otra cueva, la Dark Cave. Se trata de un recorrido donde te explican el funcionamiento de las cavernas así como del ecosistema que se encuentra dentro de ellas. La cueva no está iluminada –de ahí el nombre- y no permite el uso de fotografía con flash. Además de una importante población de murciélagos –que nunca verás pero sí escucharás- tiene algunas formaciones rocosas interesantes, pero tampoco esperes encontrar una gruta mágica. A la larga el paseo vale la pena, pues es bastante informativo y durante el recorrido te muestran varios bichos espeluznantes que habitan la cueva.


El recorrido tiene una duración de 45 minutos y su costo es de 35 ringitts que están destinados a la conservación de la cueva y de las especies que viven en ella, algunas en peligro de extinción. Así que si te decides por visitarla, sabrás que el dinero va a una buena causa y no a una compañía turística depredadora.




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