Para los que han estado
viajando por el Sureste de Asia por un tiempo, Kuala Lumpur es un breve respiro
del caos característico de la región; una ciudad globalizada que goza de muchas
de las comodidades que dejamos atrás en casa. Para los que vienen llegando, es
un puente que suaviza la transición al pandemonio de ruidos, olores y sabores
que está por venir; una ciudad moderna que alberga una fusión de culturas
netamente asiáticas, pero sin ser obra del mismo cirujano plástico que creó
Singapur. En buena medida es más auténtica y está más viva.
Para algunos es Asia.
Para otros no. Es y no es.
Seguramente ya has
escuchado sobre las Torres Petronas. Las recordarás de algún anuncio, una
postal o tal vez de un churro de película con Sean Connery y JLo. La visita es
obligada –la iluminación nocturna es increíble- pero después de un par de horas
de contemplación, no hay mucho que ver y si no estás mucho en el ajo de la
arquitectura moderna, difícilmente te harán sentir diferente. En otras
palabras, no creemos que sea lo más especial –o sui géneris- de Kuala Lumpur.
Sabemos que probablemente
has visitado templos hasta el cansancio durante tu viaje y puede que ya te quieras
dar un tiro de tan solo escuchar sobre otro más, pero aquí te vamos a
recomendar uno muy especial. Seguramente ya habrás visto estatuas del Buda
acostado, sentado, parado, saltando, sacándose un moco, o hasta bailando reaggetón. Tal vez también viste algunos
templos taoístas o chinos en Vietnam. Pero lo que definitivamente no hay en
ningún otro lugar del Sureste de Asia –o no a esta magnitud- es un templo
hindú. Si no has tenido la oportunidad de visitar alguno de estos en el sur de
India, una visita a las Batu Caves te vendrá de maravilla.
Ahora, si los templos no
son lo tuyo … va a ser complicado viajar por el Sureste Asiático, están por
doquier.
¿Qué son las Batu Caves?
¿Cómo llego?
No te costará mucho
trabajo llegar a las Batu Caves. Puedes tomar por 2.5 ringitts el autobús U6
desde Medan Pasar, que se encuentra justo debajo del edificio de HSBC a un
costado de la plaza del reloj, justo afuera del Central Market. El autobús toma
45 minutos en llegar y te deja a dos cuadras de la entrada. Otra opción es
tomar el metro hasta la estación Batu Caves. Esta opción es más rápida pues
toma solo 25 minutos, pero su costo es variable dependiendo de qué tan lejos vengas
y de cuántas veces cambies de línea.
De regreso sí es más
sencillo tomar el metro pues el acceso a la estación está a un costado de la
entrada –a un lado de una enorme estatua verde del dios Hanuman- aunque
posiblemente también lo puedes hacer por autobús, solo que tendrás que
investigar dónde es la parada.
¿Cuánto cuesta?
¡Nada! Si visitas
solamente el templo, no tiene ningún costo. A la subida te pedirán que te
cubras las piernas con un sarong, si
no llevas uno ahí mismo puedes rentarlo. Es raro, hay gente que lo lleva y hay
gente que va en shorts sin problemas, no sabemos de qué dependa, así que queda
a tu juicio.
Ya en el templo, el
brahmán (el sacerdote, pues) te pedirá que te acerques para que te de una
bendición. Si quieres seguirle el juego, has de saber que al final te pedirá
que pongas un “donativo” –sí, esto incluye la experiencia completa de los
templos hindús- en una charola. Nosotros
vimos que los locales dejan entre 2 y 5 ringitts, aunque si le das oportunidad
intentará que te ponga más “generoso”, incluso se ofrecerá a traerte cambio si
le muestras que solo traes billetes grandes. Pero vale, tampoco muerden y
recuerda que no es un asalto, es una experiencia más que seguro recordarás por
mucho tiempo. Además, recuerda lo que son dos ringitts en tu moneda.
Si lo tuyo es lo jarcor visítalas durante el Thaipusam
El Thaipusam es una celebración tamil que cobra proporciones insólitas
en este lugar. Miles de turistas y cerca de un millón de peregrinos acuden al
templo en esta fecha para mostrar su devoción a Sri Murugan. Muchos de ellos
realizan un kavaddi, que significa penitencia, y podrás verlos ver cómo se
perforan la lengua, mejillas y espalda para hacerla más dolorosa. Ya sabes, no pain no gain. En fin.
Bonus: Dark Cave
Poco antes de llegar al
final de la subida encontrarás una desviación a un paseo por otra cueva, la
Dark Cave. Se trata de un recorrido donde te explican el funcionamiento de las
cavernas así como del ecosistema que se encuentra dentro de ellas. La cueva no
está iluminada –de ahí el nombre- y no permite el uso de fotografía con flash.
Además de una importante población de murciélagos –que nunca verás pero sí
escucharás- tiene algunas formaciones rocosas interesantes, pero tampoco
esperes encontrar una gruta mágica. A la larga el paseo vale la pena, pues es
bastante informativo y durante el recorrido te muestran varios bichos
espeluznantes que habitan la cueva.
El recorrido tiene una
duración de 45 minutos y su costo es de 35 ringitts que están destinados a la
conservación de la cueva y de las especies que viven en ella, algunas en
peligro de extinción. Así que si te decides por visitarla, sabrás que el dinero
va a una buena causa y no a una compañía turística depredadora.


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