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viernes, 25 de diciembre de 2015

¿CUÁNTO DINERO HAY QUE LLEVAR PARA VIAJAR EN MYANMAR?


Fuera de Singapur y Brunei, Myanmar posiblemente sea el país más caro del Sureste Asia. Esto tiene que ver con que apenas se está abriendo al turismo y aún arrastra el esquema de precios abusivo que impuso el régimen militar que gobernó el país por tanto tiempo. Los servicios turísticos y la administración del patrimonio cultural en Myanmar fueron un monopolio del régimen militar durante muchos años. Los costos eran exagerados y la calidad de los servicios más que pobre, prácticamente un atraco al turista del que no había más remedio que aceptarlo. Hoy en día, la reciente transición de Myanmar hacia un sistema democrático está abriendo la posibilidad de que el dinero se distribuya de manera diferente y ya no vaya a los militares de forma directa (porque hay que recordar que muchos invirtieron su capital en empresas de hotelería y transporte y aún son propietarios de muchas). 

Lo que aún no ha cambiado son los costos elevados y el bajo estándar de calidad: se paga mucho dinero y se recibe poco a cambio, y muchas veces para encontrar algo “decente” es necesario pagar lo que en países vecinos equivaldría a un lujo. Seguramente la libre competencia y el potencial turístico del país cambiará esta situación en los próximos años, pero por ahora existen pocas alternativas para reducir los costos de manera significativa. Mas esto no quiere decir que no se pueda hacer con relativamente poco dinero si se está dispuesto a sacrificar algunas comodidades. 

Por ningún motivo deseamos que esto se entienda como un presupuesto definitivo. Existen muchos factores que determinan un presupuesto: el ritmo del viaje, tipo de alojamiento, estándar del transporte, la alimentación y hasta las chácharas que uno se compra. Sabemos que existe gente que logra hacerlo con menos, pero también conocemos que hay quienes gastan mucho más. El fin de este post es dar una aproximación de lo que cuesta viajar en Myanmar con el mayor detalle de lo que uno obtiene a cambio. 

Claro lo anterior, esto es lo que nosotros gastamos en 23 días de viaje visitando 6 ciudades: Mawlamyine, Hpa-An, Bago, Mandalay, Bagan y Yangón.


Nuestro gasto total fue de 1,458.07 dólares, un presupuesto diario de 63.78, por pareja. Todos los gastos fueron registrados como pareja, NO de forma individual. 


VISA (peajes)

$83.51 dólares, 5.7% del total

Prácticamente todos necesitamos visa para entrar a Myanmar. Aquellos que llegan vía aérea, pueden solicitar la e-visa en este sitio, los que piensan entrar por vía terrestre tendrán que hacerlo en cualquier embajada o consulado de Myanmar en el extranjero. Nosotros lo hicimos desde Bangkok y pagamos 3,000 bahts para recibirla el mismo día, ya que también teníamos planeado solicitar la de Vietnam y no queríamos estacionarnos en Bangkok por más de una semana. Si vas con tiempo y eliges la opción de entrega de tres días hábiles, puedes ahorrarte 1,200 bahts. Esto es obviamente para aplicaciones en la embajada; la e-visa si bien simplifica los trámites, no representa un ahorro significativo.



ALOJAMIENTO

$648 dólares, 44.2% del total

Sin duda, éste rubro representa el mayor gasto en un viaje a Myanmar, así que toda intención de ahorro debe comenzar ahí. 

Nosotros nos quedamos en cuartos privados, la media que pagamos fue de 30 dólares, y no vimos nada que bajara de los 20. Posiblemente en algunos lugares (como Bagan) pudimos haber pagado menos, pero como leímos que durante la temporada alta los hoteles están a tope y las alternativas “baratas” son las primeras en llenarse, decidimos reservar unos meses antes. ¿Qué tan cierto resultó? Pues en la primera parte del viaje observamos bastante disponibilidad, pero para mediados de diciembre las opciones económicas ya estaban a tope, y quienes no llevaban reserva tenían que optar por un lugar más caro y/o cutre. A pesar de que hay oferta de dormitorios en la mayoría de los sitios, no toda guesthouse cuenta con ellos; la noche cuesta un promedio de 10 dólares.

Si no estás dispuesto a gastar buen dinero, la calidad de los hospedajes en Myanmar deja mucho que desear, así que hay que estar preparados. Nos hemos quedado en hoteles viejos, sucios y mohosos, pero nunca por tanto dinero. Los baños privados están bien, los compartidos “aceptables”, y algunas veces ni eso (en Bago tuvimos que pagar un upgrade a cuarto con baño privado porque el compartido de plano estaba muy gore).

Lo más caro: Kyaw Hotel, Bagan, $42 dólares por noche.
Lo más barato: 20th Street Guesthouse, Yangón, $22 dólares por noche.



COMIDA Y BEBIDA

$344.3 dólares, 23.5% del total


La comida en Myanmar puede ser muy barata … si tus tripas están hechas de acero. Comiendo en la calle difícilmente gastarás más de dos dólares por un menú llenador. Nosotros desistimos de esta alternativa por dos razones: por un lado la gastronomía burmesa no nos enamoró (esa maldita pasta de camarón seco que está en todos sus platillos) y por otro, vimos que un número de turistas bastante alto -incluyendo a uno de nosotros- se enferma comiendo en la calle. Así que si te dan miedo las infecciones estomacales –o los servicios médicos del país- puede que sea mejor que evites los antojitos callejeros. 

En general, un platillo cuesta entre uno y dos dólares, y en restaurantes de lujo puede llegar a los cuatro. Las bebidas cuestan un dólar y por uno más puedes tomarte una cerveza Myanmar de 630ml. Las botellas de agua purificada cuestan un cuarto de dólar.

Otro detalle importante: fuera de los sitios más turísticos difícilmente encontrarás menús en inglés … y obviamente los meseros tampoco lo hablan. Si eres muy temerario y no le ves problema a elegir tu comida a partir de un jeroglífico que quién sabe qué signifique, seguramente encontrarás más oportunidades para ahorrar. De lo contrario, el idioma será una razón más para que hagas tus comidas en restaurantes turísticos.

Lo más caro: cena para dos (con cuatro cervezas de 630ml) en restaurante de lujo Hanthawaddy, Bago, $16.27 dólares.
Lo más barato: almuerzo para dos (sin bebidas) en restaurante local Daw Yee, Mawlamyine, $3.46 dólares. 

 



TRANSPORTE PÚBLICO

$165.06 dólares, 11.3% del total  

El costo del transporte en Myanmar no es muy diferente al de otros países de la región. El principal medio de transporte para recorrer el país es el autobús, aunque existen algunas líneas de tren que conectan muchas ciudades del sur, y que unen a Yangón con Mandalay. El tren es más caro que el autobús y mucho más lento, además de que los asientos de cama para viajes nocturnos suelen estar agotados. Nosotros intentamos tomar el tren de Bago a Mandalay, y tres días antes de nuestra fecha de viaje ya no había lugares, así que hicimos todo en autobús. 

La calidad de los autobuses varía mucho. Los servicios regionales suelen ser autobuses japoneses de los 70s que literalmente se están cayendo a pedazos; pero eso sí, su costo es ridículo. Las rutas más largas son operadas por autobuses mucho mejor equipados, o hasta de lujo. Vale la pena hacer el viaje con una buena compañía si se piensa viajar de noche, no pasará de los 12 dólares y tendrás un asiento “reclinable”. De lo contrario olvídate de dormir … y de tu culo. 

Hay muchas opciones para moverse dentro de las ciudades. Se pueden rentar bicicletas en ciertos lugares por dos dólares al día, o bien una moto por no más de seis. Cualquiera que elijas, ten en cuenta que en Myanmar se conduce rápido y furioso, y hay que estar muy, muy atento. Ahora, si prefieres que te lleven tampoco vas a gastar tanto. Un viaje en taxi (que por lo regular es un motociclista) cuesta de uno a tres dólares.  

Lo más caro: autobús ejecutivo Bagan-Yangón (10 horas), $23.69 dólares.
Lo más barato: autobús local Mawlamyine-HpaAn (2 horas), $1.54 dólares. 



TURISMO  

$130.93 dólares, 8.9% del total
 
Muchas de las pagodas que visitarás en Myanmar no tienen ningún costo, aunque para entrar a las más famosas sí hay que pagar. Varios de las ciudades que visitamos venden un boleto general que te da acceso a todas las atracciones de la localidad por un lapso de tres a cinco días. Normalmente su costo oscila entre los 7 y los 10 dólares, pero será el único gasto de este tipo que harás mientras estés en la ciudad. En cada atracción te sellarán el boleto ya que puedes visitar cada una solo una vez. Además, en algunas pagodas te cobrarán un dólar por cada cámara que lleves. 

Para ver atracciones fuera de las ciudades principales la cosa cambia. Aquí muchas veces conviene tomar algún tour compartido con otros viajeros, a menos que decidas rentar una motocicleta y tengas bastante paciencia para dar con los caminos correctos y pedir indicaciones en burmés o con señas. De cualquier manera, el costo de los tours tampoco es descabellado y te permiten ver más cosas que si lo hicieras por tu cuenta (aunque esto puede ser un arma de dos filos, pues muchas veces tendrás el tiempo limitado en un lugar que te guste mucho, o tal vez te lleven a otros sitios que no te interesen tanto).  

Lo más caro: tour a ciudades antiguas en Mandalay (incluye gastos por barco y carruaje en Inwa), $24.93 dólares.

   

COMPRAS  

$70.31 dólares, 4.8% del total   

Hacer compras no es ninguna obligación y puede que sea algo que muchas personas ni siquiera lo contemplen dentro de su presupuesto. A nosotros nos gusta llevar un pequeño recuerdo de cada país que sea económico y fácil de transportar, y en algunas ocasiones compramos cosas más por ayudar a la gente local que porque realmente nos gusten los productos, finalmente es una forma de ayudar. En fin, el caso es que aunque sea poco, gastamos. 

Si vas con presupuesto ajustado, alégrate: Myanmar te dará la oportunidad de que no gastes un céntimo en compras. La oferta de artesanías es muy limitada y la calidad de la ropa bastante mala, así que si estás pensando en irte de shopping, mejor guárdate ese dinero para un episodio de compritis en Tailandia. Tal vez solo se salven las pinturas de arena que encontrarás por todas partes en Bagan, y el mercado Bogyoke en Yangón, que cuenta con una oferta de productos interesante.

Lo más caro: dos pinturas de 65x40 en Bago, $31.09 dólares.
Lo más barato: pulsera de “jade” en Inwa, $0.9 dólares. 

 





NO CATEGORIZADO   

24.96 dólares, 1.7% del total  

Este rubro lo utilizamos para agrupar gastos misceláneos como pueden ser productos de baño y aseo personal, lavandería, baños públicos, cables y adaptadores eléctricos, reparaciones y cigarros.

Lo más importante aquí es la cuestión de la lavandería. En Myanmar no la cobran por kilo sino por pieza. Los jeans suelen ser el ítem más caro y más o menos se paga 1000 kyats; por la ropa de dos personas de una semana se pagan unos 8000 kyats, 7 dólares.

Otro punto a destacar es que Myanmar es el paraíso para los fumadores. Si compras marcas locales como Ruby Red o Premium Gold estarás pagando 0.3 dólares por cada paquete, sin fotos de traqueotomías o fetos.

En conclusión, se puede viajar más o menos cómodamente por Myanmar con 40 dólares al día. Posiblemente se pueda hacer por 30 si tienes alguien con quien compartir habitación o te quedas en dormitorios, y si comes en restaurantes locales.  

***Nota: En este presupuesto no están contemplados gastos de avión ya que pueden variar considerablemente dependiendo desde dónde se origina el viaje. Aquellos que piensen visitar Myanmar desde otro país del Sureste Asiático, Air Asia tiene un vuelo regular de Bangkok a Yangón que está entre 150 y 200 dólares, viaje redondo. Quien tenga pensado entrar por tierra obviamente puede hacer caso omiso de este gasto. 

sábado, 19 de diciembre de 2015

10 COSAS QUE TE HARÁN SABER QUE ESTÁS EN MYANMAR







1. Monjes budistas por doquier.



Los monjes (y monjas) en Myanmar se cuentan en cientos de miles, así que te los encontrarás en todos lados. Hasta en lugares donde nunca te habrías imaginado ver un monje: comprando en el mercado, rebasando en la moto, cargando saldo en la tienda de celulares, y hasta en el banco (sí, los monjes hacen todas esas cosas). Investigar un poco sobre la vida monástica en este país es fundamental, pues aún cuando pueda romper la imagen romántica que tanto nos gusta tener sobre ellos, ayuda a comprender que son gente común y corriente como todos nosotros, no criaturas mágicas con superpoderes.

    –El día que vi un monje fumando y jugando cubilete con unos vagos en las vías del tren, perdieron mucho del encanto-.
Chaira Lilí a una semana de llegar a Myanmar, ciudad de Bago.

El día que un monje se la quiso ligar lo perdieron por completo.

Todo varón en Myanmar tiene la obligación de hacer al menos dos estancias de un año en algún monasterio durante su vida. Generalmente la primera sucede entre los 7 y 12 años, y la segunda después de los 20. Pues, prácticamente todo mundo en este país ha sido monje, y de todos los que se ven, no todos se quedan monjes de por vida. Así que existe toda una escala de grises: como hay gente, hay tipos de monjes. Y están los que se lo toman muy en serio y los que no.

Una cosa sí es incuestionable, y es la importancia que tienen en la educación, y la conservación de la moralidad y valores budistas dentro de la sociedad burmesa, una cuestión que los pone bastante más adelante de Occidente en cuestiones sociales e incluso emocionales. 


2. Montañas sagradas que te recordarán que es hora de dejar de fumar.



Existe una fijación en este país por construir monasterios, templos y demás monumentos en lo más alto e inaccesible de la montaña. No sabemos bien si esto tiene que ver con esta cuestión de acercarse a lo divino, con alguna alegoría en el budismo, o si fue simplemente por joder. Pero vaya que vale la pena descubirlas. Al subir los muchos caminos de escaleras que serpentean hacia la cima te encontrarás un mundo de pagodas, monasterios, altares, Budas y rocas sagradas ... Sí, eso que uno se encuentra por todas partes en Myanmar. Entonces, ¿para qué demonios subir? La mejor razón para hacerlo es el trayecto mismo. Por un lado, alcanzar la cima genera una meta que requiere de un esfuerzo personal -estés en buena condición física o no- que trae un sentimiento de logro al que consigue llegar hasta arriba; por otro lado, te permite descubrir una nueva cara de la vida espiritual de éste país, que es la importancia de la peregrinación. Ahí podrás comprender que el esfuerzo que hacen los locales no es para tomarse una selfie, sino una forma de generar mérito espiritual. Pero, no hay error: tu sí hazte de unas buenas fotos, que tendrás vistas soberbias de la ciudad donde te encuentres.


3. Sobredosis de Budas.


Para los burmeses, si hay espacio en cualquier rincón, cabe un Buda … Es más, métanle dos, y si nada se cae, pónganle tres. Los hay de todos colores y sabores: parados, sentados, caminando, acostados, con ojos abiertos, cerrados, volteados, de pacheco, con la mano abierta, cerrada, al revés, en fin. Para disfrutar de los Budas en este país es mejor tomárselo como conossieur –la actitud del disque le sé y disque me clavo- aún cuando no tengas ni idea de qué tienes enfrente. Si admiras con detalle cada característica de cada imagen, poco a poco la observación se va refinando. Y es ahí donde surge la magia, pues eso detona el sentir de toda la filosofía del budismo y su mística. ¿Por qué está parado? ¿O sentado? ¿Qué trae en la mano? ¿Me está hablando a mi? ¿O a quién? Verás que muy pronto las respuestas llegan y sazonan toda la historia. Tras una semana de viaje por aquí es posible que veas más de diez mil Budas –y esto no es ninguna exageración- pero si escuchas lo que hay detrás de cada imagen, encontrarás la historia de un país.


4. Las sonrisas más hermosas que hayas visto.





¿Hay algo más que decir?


5. La belleza del Thanaka.


Al poco tiempo de llegar a este país descubrirás que prácticamente todas la mujeres –y algunos niños y adolescentes- se cubren las mejillas y la frente con una pintura color amarillo cremoso. Se llama thanaka y se trata de un pigmento natural hecho a partir de la corteza de un árbol que se usa para hidratar la piel, protegerla del Sol, aliviar el acné, pero principalmente con fines cosméticos. Ciertamente es un cuanto extraño al principio, pero es fascinante cuando uno comienza a descubrir la belleza que imprime a los rostros de este país. Y es que en verdad, la gente –toda la gente- se ve hermosa con thanaka. Si lo piensas un poco, verás que no existe gran diferencia con el estereotipo de belleza que Maybelline o Cover Girl tratan de imponer a través de la mercadotecnia internacional, y que las diversas manifestaciones de la belleza en el mundo merecen salir del “exotismo” de las revistas que ya conoces. 


6. Ese inconfundible olor a camarón seco.


El camarón seco es uno de los ingredientes clave dentro de la cocina burmesa y quieras o no, terminarás probándolo. Su gama de presentaciones supera a la de los tintes de cabello de cualquier supermercado: molido, pulverizado, frito, aglomerado, con pedacitos (la versión chunky), en conserva, en dulces, en pasta, en salsa, en curry, en gravy. Literalmente hasta en la sopa, así que resulta más que normal hallar este olor en cualquier calle o cocina –que muchas veces son sinónimos- en este país. El sabor es fuerte y extraño y no suele enamorar muchos paladares occidentales, pero el olor es algo que simplemente no se puede evitar. Pero tampoco es tan malo, recordemos que toda ciudad tiene sus olores característicos: ahí está el metro de París para recordarnos que no todos son agradables, y que hay manera de vivir con ellos y disfrutar la vida.


7. Ver la muerte de cerca cada vez que te subes a un transporte.



Recorrer los caminos maltrechos de Myanmar, sea en moto, taxi o autobús debería ser considerado deporte de alto riesgo. No tardarás mucho en encontrarte viajando a 100 por hora rebasando en curvas ciegas en carreteras de un solo carril. Respira. No temas. Mira a tu lado y observa los apacibles rostros de los burmeses que te acompañan. Entiende que tal vez la siguiente vida pinta mejor que ésta. O tal vez el conductor lo tiene medido milimétricamente y no va a pasar nada. Puede que pasen diez días o más y no veas un solo semáforo o señalización de cualquier tipo. De la cultura vial y el respeto al peatón olvídate, aquí son parte de la literatura de ciencia ficción. Si ya estás entrando en pánico y has decidido bajarte y andar a pie, no te preocupes, también hay diversión allá abajo: la lógica burmesa es que ese vehículo que está a punto de atropellarte bajo ningún motivo frenará. Es tu obligación esquivarlo y correr por tu vida.



8. Gargajos. Chingos de gargajos. Rojos.


Para quien no sabe descifrar los cantos y rezos de los monasterios y pagodas, el soundtrack de este país sin más remedio será el de un escupitajo. Mucho se ha hablado sobre la proclividad de los asiáticos de escupir en cualquier lugar y a todo momento, pero créenos: los gargajos llegan a un clímax sin paralelo en Myanmar. Todo esto viene del hábito a nivel nacional por masticar unos pequeños bocadillos de nuez de areca envueltos en hoja de betel, que tras rumiarlos por un tiempo se escupen donde sea. El consumo de la kuhnia tiene tal magnitud y resulta tan adictivo, que prácticamente no existe un sitio en el país que no esté cubierto de manchas rojas, frescas o secas. Más allá, los daños irreversibles a la higiene bucal que provoca su consumo ocasiona que muchos personajes adictos a este extraño placer tengan sonrisas de ultratumba.


9. El dilema de los billetes.


Cambiar dinero en Myanmar es todo un pasón. Y es que tienen una manía enferma con que el dinero que les entregas parezca recién salido de la imprenta. Nada de manchas, marcas, ni cualquier rayón o tachón de ningún tipo –aun cuando éste no haya sido tu obra- así que revisa tus dólares o euros muy bien antes de venir. Ah, y también tienen que venir bien planchaditos, pues tampoco los aceptarán si tienen el más mínimo doblez, así que olvídate de eso de ponerlos en la cartera.

Obviamente los kyats locales que recibirás a cambio no estarán en las mismas prístinas condiciones que ellos te exigen a ti. Esto realmente no es problema; por más viejo que sea el dinero, sigue siendo dinero. El lío es que en un país donde el billete de mayor denominación es de 5,000 –aunque se rumora que existen de 10,000- y con un tipo de cambio de 1,300 kyats por cada dólar, cambiar más de cien dólares es suficiente para terminar con un gordísimo fajo de billetes hará que te sientas en un videoclip de hip-hop. Para que te des una idea: dos billetes de cien dólares se convertirían en un mínimo de 52 billetes, y eso si acaso es que recibes todo tu dinero en billetes de 5,000. Así que si estás pensando en cambiar 500 de un jalón puede que sea buena idea que lleves un maletín de mafioso. 


10. Soundsystems callejeros a todo volumen.


Es común que en muchos países asiáticos la música salga a las calles en forma de bocinas y equipos de sonido ambulantes. Lo que vuelve a Myanmar tan especial es que no hay ningún otro lugar donde estén peor ecualizados. Parece que para los burmeses cualquier perilla en la consola está hecha para tenerla a tope, da igual si se trata de un mantra budista, un vendedor de ungüentos y pomadas, o un cover del Gangnam Style en burmés (que sí existe). Por las calles y carreteras todos los días se puede observar algún desfile de bicicletas, motos y camionetas armadas de altavoces y bocinas polvorientas y una docena de chavos bailando encima del carrito. Lo más curioso es que el hecho de que el escándalo irrumpa en la cotidianeidad, es parte misma de la cotidianeidad en este país. ¡Que no te extrañe si tu conductor o el fulano que te está atendiendo en la tienda deja lo que está haciendo para irse a bailar al reventón ambulante!

miércoles, 16 de diciembre de 2015

LO QUE NO TE PUEDES PERDER EN MYANMAR

Myanmar es un país colmado de vida y sonrisas; de colores, olores, sabores y sonidos exóticos que asombran a cualquiera, para bien o para mal. Nuestro paso por este fascinante país nos ha dejado experiencias inolvidables y amigos entrañables. Pero sobre todo, nos ha revelado a un pueblo devoto que con mucho fervor protege y conserva –muchas veces apoyando con más de lo que tiene- los miles de templos y pagodas en los que veneran a Buda & friends.

Sin duda, este es un país que guarda varios de los sitios budistas más impresionantes del mundo. Pero una cosa es cierta: los monumentos que encontrarás en la mayoría de las ciudades se vuelven un poco repetitivos después de un rato. Es por eso que hemos decidido recomendarte los más especiales que visitamos, por si tienes poco tiempo o te empieza a aburrir ver mucho de lo mismo (que a nosotros no nos pasó).

Ciertamente ésta lista está hecha a partir de lo que más nos gustó a nosotros y de ninguna manera es objetiva y muchísima gente podría diferir. Eso sí, te aseguramos que valen muchísimo la pena y aunque no se conviertan en tus favoritos, no te arrepentirás de visitarlos.

Y el premio al Buda reclinado más impactante va para …  


MYA THA LYAUNG. Este magnífico Buda al aire libre está localizado en la ciudad de Bago, muy cerca del otro Buda reclinado también digno de mención, el  Shwe Tha Lyaung. Fue construído en 2002 y aunque no es el más grande de Myanmar –mide solo 82 metros- es unos de los pocos Budas de este tipo que no está techado ni rodeado por columnas. Esto te hace sentir diminuto pero a la vez libre, y que quieras quedarte buen rato sentado bajo su mirada contemplativa. Quizás algún chico simpático te querrá vender postales y contarte la historia de cuando se le cayó la mano por las lluvias y cómo se la reconstruyeron. Por lo regular no hay muchos turistas visitándolo así que te aseguramos que estar ahí te traerá una sensación de paz y serenidad que puede resultar un gran alivio del desmadre, ruido y alboroto que son la norma en la ciudad.


El premio al Buda sentado más majestuoso es para …


NGA HTAT GYI. Se encuentra en la pagoda del mismo nombre, en la ciudad de Yangon, al norte del lago Kan Daw Gyi y justo al otro lado de la avenida donde está el monasterio Chauk Htat Gyi (que tiene otro buda reclinado). El Buda de Nga Htat Gyi mide 14 metros y data del año 1900, porta una brillante armadura dorada y su tocado está cubierto de piedras preciosas reales. El trabajo de tallado en madera que está a sus espaldas es espectacular. Al entrar en el recinto el ambiente es tan agradable y apacible que dan ganas de sentarte a meditar o simplemente a admirar cada detalle.


El premio a la pagoda más suntuosa va para …


SHWEDAGON PAYA. Se localiza en la ciudad de Yangón, al oeste del lago Kan Daw Gyi. La leyenda cuenta que fue construida hace 2500 años –lo que la haría la más antigua del mundo- y que en ella están guardados 8 cabellos y un pedazo de manta de Siddharta Gautama. Mide 100 metros de altura y está cubierta por 26 toneladas de oro puro. ¡Esto es bling-bling de verdad señores! Está rodeada de un complejo de templos con Budas de todos tamaños, colores y texturas, lo que la hace parecer una pequeña ciudad sagrada. Algo es seguro, ninguna pagoda te sorprenderá más que esta. Puedes pasar mucho tiempo recorriendo los pasillos y alucinarte con tanto brillo, tanto color y tantos rituales que acostumbran los creyentes locales.


El premio a la subida más inspiradora a una montaña sagrada es para …


MANDALAY HILL. Esta montaña está situada al noreste del la ciudad de Mandalay, muy cerca del Palacio Real. La cima se encuentra a 240 metros de altura y llegar ahí es todo un reto físico (por lo menos para nosotros lo fue). Afortunadamente hay varios niveles en los que puedes tomar un descanso y tomar un cold drink para recuperar energía. En uno de esos niveles encontrarás un buda de pie señalando Mandalay con su dedo, donde según una antigua profecía, se asentaría una gran ciudad.  No te rindas porque al final te espera la Sutaungpyei Pagoda, con sus paredes llenas de cristales de colores, imágenes de seres divinos, y criaturas mitológicas representando los renacimientos de Buda; un coctel de imágenes que te harán sentir en medio de un sueño medio psicodélico. La vista del atardecer es la cereza del pastel así que ¡piernas listas capitán! No te arrepentirás.


El premio al Buda más místico va para …


MAHAMUNI BUDA. Está situado en el templo del mismo nombre que se encuentra al suroeste de la ciudad de Mandalay. Cuenta la leyenda que la imagen fue hecha cuando el Buda aún vivía, y que él mismo le imprimió su imagen idéntica y su le confirió su bendita esencia al soplar sobre ella. Es por esto que es uno de los Budas más venerados en Myanmar. La imagen está en un pedestal y los feligreses le pegan laminillas de oro en el cuerpo, es por ello que a través de los años se ha ido deformando para crear una masa amorfa que te dejará impresionado. Lo único que conserva en su forma original es la cara. En los alrededores hay estatuas de guerreros de bronce que una vez pertenecieron a Angkor y la gente las toca y se frota el cuerpo pues supuestamente tienen poderes curativos. Si caminando por ahí hay monjes que se ofrezcan a darte un tour gratis, cuidado porque luego son coquetos.


Y el premio a lo mejor en Myanmar va para


BAGAN. No por nada esta zona arqueológica es lo más turístico de Myanmar. Situada en el estado de Mandalay, esta ciudad antigua fue a capital del reino de Bagan, el primero en unificar todos los estados que más tarde constituirían el Myanmar moderno. Entre los siglos XI y XIII se construyeron más de 10,000 templos budistas a lo largo de casi 26 kilómetros cuadrados, de los cuales ahora quedan un poco más de 2,000. Esta ciudad de templos color rojo rodeados de vegetación es simplemente mágica, ¡nos sorprende que no haya sido nombrada como una de las 7 Maravillas del Mundo! Para recorrerlo puedes rentar una bicicleta (si quieres presumir tu buena condición física) o una e-bike que es un poquito más cara pero es más útil para poder cruzar los caminos de tierra que hay entre las avenidas principales y los templos. O ya si quieres gastar mucho dinero puedes rentar un auto de lujo privado con chofer. Pero si tienes tanta plata pues mejor paga el tour en globo aéreo. Ahí sí que debes quedar literalmente anonadado con la espectacular vista. Si andas de mochilero como nosotros, no te preocupes, igualmente puedes tener unas vistas fabulosas ya que hay varios templos a los que puedes subir, y si te agarra la tarde, mirar el atardecer. Créenos, no te conformarás con uno.

Eso sí, aquí todo es más caro que en las demás partes del país, desafortunadamente el turismo en masa hace que se desarrollen complejos que en nuestra muy personal opinión comienzan a destruir los sitios de interés; campos de golf, resorts, hoteles de lujo… Vaya, que por un lado está bien que generen empleo, pero también rompen con la esencia de los lugares y para los locales te conviertes en una billetera con pies. Así se las gasta el “desarrollo”, pero bueno, ese es otro cuento.

Como ya te habrás dado cuenta, todos los sitios que hemos mencionado nos han hecho sentir que estamos en un sueño mágico y Bagan definitivamente se lleva las palmas.




sábado, 12 de diciembre de 2015

MANDALAY EN 3 DÍAS





Antes que nada debemos advertirte que Myanmar no es un lugar para delicaditos, es más un país es para aventureros. Si tienes ese espíritu pero aún no lo has visitado, ahora es el mejor momento ya que el turismo de masas todavía no arrasa con la esencia original del país.

La ciudad de Mandalay es un claro ejemplo de esto y es una de las ciudades que no te querrás perder. Para conocer lo más importante de ella no necesitas más de tres días aunque, eso sí, bastante activos. Y vale la pena. Aquí nuestra recomendación de cómo organizar tu paso por esta bella ciudad que, cabe mencionar, sí parece una ciudad. ¡Tiene policías de tránsito! … Esporádicamente.

Un momento. ¿Dónde empiezo?

Si estás preguntándote dónde hacer base te recomendamos hospedarte en Yoe Yoe Lay Homestay. Es un hotel muy pequeño y sencillo, pero bastante económico y acogedor, y con un servicio y un cuidado en los detalles que te sorprenderán. La anfitriona, la amabilísima Nan Bwe, te puede rentar una bicicleta o una moto, o bien organizar un taxi para que te muevas por la ciudad sin problema, pues debes saber que en Mandalay no hay transporte público. En Yoe Yoe Lay puedes tomar un mapa de la ciudad para no perderte, que además incluye los puntos de interés de la ciudad así como bancos, restaurantes y demás.


Nosotros escogimos la bici por ser la opción más económica y hasta cierto punto más segura (2000 kyats por día). Te advertimos desde ahora que los burmeses manejan como stunts de Rápido y Furioso y vimos por lo menos dos turistas con heridas graves por accidentes de motocicleta. Así que si optas por la moto, recuerda que no eres de plástico.

¿Hay que pagar algo?

Para acceder a los lugares más emblemáticos -Mandalay Palace, Golden Palace Monastery, dos sitios en Inwa y uno en Amarapura- necesitas un ticket que cuesta 10,000 kyats por persona y tiene una validez de 5 días. Lo puedes comprar en cualquiera de ésos sitios; en cada uno te lo checarán y sellarán. En varios lugares también te van a cobrar por el uso de la cámara (1000 kyats). Hay turistas que buscan maneras de no pagar, pero si hay dinero para cervezas y fiesta, tal vez sea momento de dejar un poco la tacañería, y no escatimar en lo que de verdad vale la pena de este país.

Puedes planear tus días más o menos de la siguiente manera.

Día 1. Mandalay Palace y Mandalay Hill.  

Puedes comenzar este día haciendo el norte de la ciudad. Rodeado por un foso aún lleno de agua, el Palacio de Mandalay fue construido totalmente con madera de teca a finales de los 1850´s y fue la morada de la última monarquía burmesa. Camina por sus edificios y sube a la torre para tener un panorama completo.


Una cuadra más adelante puedes continuar el recorrido visitando el Shwenandaw Kyaun –Golden Palace Monastery con unos detalles de tallado en madera impresionantes. Es una lástima que el país no tenga recursos para darle mantenimiento a estos hermosos sitios.


A un lado está el Atumashi Monastery, restaurado en 1996 por el departamento de Arqueología de Burma, tras haber sido destruido por un incendio en 1890. Una cuadra más al norte las Sandamuni Pagoda que es un jardín con una gran estupa dorada rodeada de otras muchas estupas blancas. Ahí están las tumbas Kanaug Mintha - hermano menor de rey Mindon- y tres princesas junto a las que fue asesinado. Y en frente está la Kuthodaw Pagoda que contiene el libro más grande del mundo inscrito en las zayats –pagodas con casita- que rodean la estupa principal. Estas paradas valen la pena para hacer el camino a la cercana Mandalay Hill.


En este punto ya deberías haber tomado un descanso para comer, tomar agua y  cargar energía porque te esperan 40 minutos de escaleras. Hay taxistas que te suben por unos cuantos kyats, pero, ¡vamos! ¡deja la pereza para un resort! ¡Ofrece tu esfuerzo a los dioses y quizá te concedan el milagro de bajar esa barriga cervecera! Claro que hay descansos en varios niveles, cada uno con su Buda y vendedores de diversas chucherías, pero nada molesto. Los últimos dos niveles cambian drásticamente pasando de lo sencillo a lo centelleante, y te hacen darte cuenta de por qué vale la pena la subida. La idea es que llegues hasta la cima para ver el atardecer. ¡Que chula vista! Si ya andas de flojo hay elevadores que te bajan, pero ni se nos ocurrió preguntar cuánto costaban, con solo ver la fila decidimos hacer buena pierna. De cualquier forma, no te arrepentirás.



Día 2. Mahamuni Paya y Marionette Show.

Al sur de la ciudad se encuentra el templo del Mahamuni Buda, que según cuenta la leyenda es una imagen a la que Buda le imprimió su exacta imagen al soplar sobre ella hace aproximadamente dos mil quinientos años. Muchos creyentes acuden a venerar la imagen y le pegan laminillas de oro para mostrarle su devoción. Es por esto que lo único bien definido es su cara, ya que el cuerpo parece más una masa de oro que ha crecido de manera impresionante a través de los años.


Por ahí puede acercase algún monje que se ofrezca de guía sin cobrarte nada, pasarás un rato comiquísimo si te toca como a nosotros uno que te quiera ligar sin importarle si vas acompañada o no. ¿Que, qué?  Así es, no todos son tan santos como podrías imaginar.



En las calles alrededor del templo se encuentran los talleres de tallado de mármol, madera y metales, en los que verás a la gente trabajando duro con sus caritas siempre sonrientes y empanizadas de polvo de las piedras. Si ves una estatua de Buda con la cara aún sin tallar, es porque cuando la gente compra uno elige el rostro que quieren que tenga.


Si ya estás un poco cansado, almuerza y descansa un poco porque si algo no te puedes perder es el show de títeres en el Myanmar Marionettes Theatre que se presenta todas las noches a las 20:30 hrs. En 1986 dos chicas formaron esta pequeña compañía para rescatar esta tradición que anteriormente no solo servía como entretenimiento, sino también para educar y concientizar a toda la gente sobre lo que pasaba en el mundo. Tendrás la oportunidad de conocer al maestro U Pan Aye de 84 años que ha enseñado este arte a todos los titiriteros de la compañía y que a su vez fue entrenado por uno de los descendientes de profesionales ancestrales. El costo es de 10,000 kyats por persona pero créenos, te conmoverá y te hará recuperar un poco de fe en la humanidad.


Día 3. The Ancient Cities.

Este recorrido es en las afueras de Mandalay así que aquí no podrás utilizar bicileta. Yoe Yoe Lay ofrece un tour en taxi de las 8:30 a las 18:30 por 35,000 kyats. Aquí la onda es que en el auto caben cuatro personas y te dan la opción de compartirlo, así que terminas pagando  8,750 kyats por persona. Bastante bien.

El tour comienza y termina en la ciudad de Amarapura que está 11 kilómetros al sur de Mandalay. Primero, en el monasterio activo Maha Ganayon Kyaung, en donde podrás presenciar el ritual del almuerzo de cientos de monjes que estudian y viven ahí. Los monjes se forman en un pabellón guardando una increíble calma ante las miradas de los turistas que toman fotos sin cesar. Familias les entregan donaciones mientras avanzan por el último alimento que saborearán en el día.



La segunda ciudad es Sagaing a la que se llega cruzando el gran puente del río Ayeyarwady. Desde ahí verás su mayor atracción, la Sagaing Hill, que es una montaña cubierta de pagodas y monasterios donde visitarás la Sone Oo Pone Nya Shin. Pero recuerda que en las montañitas sagradas de este país se paga con mucho sudor … La vista desde la cima es hermosísima, pero tendrás que subir 20 minutos de escaleras.


En frente está la U Min Thonze Cave, cuyo nombre significa 30 cuevas y es una pagoda que literalmente las tiene. Cada entrada está adornada con seres mitológicos de estuco y en el resplandeciente interior podrás admirar una fila de 45 majestuosos Budas.


La tercera ciudad en el paseo es la isla de Innwa. Para llegar a ella tienes que tomar un bote –1000 kyats, ida y vuelta- que en menos de 10 minutos te dejará del otro lado donde hay carruajes –5,000 kyats por persona, capacidad para hasta tres personas- que le dan la vuelta a la isla. Visitarás el Bagaya Monastery, una torre a la que nadie se sube porque parece que está a punto de derrumbarse, el Maha Aung Myae Bone Zan Monastery y algunos templos menores. En los más importantes te revisan el ticket, así que ¡no lo pierdas!


El taxista te estará esperando al regreso para llevarte de nuevo a Amarapura, ahora al Kyo Aung Sanda, que es un monasterio con un Buda reclinado y bastantes figuras coloridas que te harán pensar en Alicia en el País de las Maravillas versión Asia.


Para finalizar verás el atardecer en el U Bein Wood Bridge, el puente de madera más largo del mundo. La vista no es tan romántica como nos imaginamos debido a los comercios que se han establecido alrededor del puente, pero te recomendamos ver el lado bueno y compartir una cerveza con tus acompañantes. Será el final de un buen día.


Otra recomendación importante de Mandalay: evita en lo posible la comida callejera, aventurarse a comer las fritangas de los puestitos puede terminar en una infección estomacal. Nos pasó a nosotros y por lo menos vimos cuatro casos más en otros turistas. Si no quieres sacrificar el verdadero sabor de Mandalay, busca restaurancitos locales que se vean de confianza.

Apostamos a que ya estás con la mochila lista  para esta experiencia. Esperamos que tu paso por Mandalay sea tan divertido como el nuestro!!