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miércoles, 16 de diciembre de 2015

LO QUE NO TE PUEDES PERDER EN MYANMAR

Myanmar es un país colmado de vida y sonrisas; de colores, olores, sabores y sonidos exóticos que asombran a cualquiera, para bien o para mal. Nuestro paso por este fascinante país nos ha dejado experiencias inolvidables y amigos entrañables. Pero sobre todo, nos ha revelado a un pueblo devoto que con mucho fervor protege y conserva –muchas veces apoyando con más de lo que tiene- los miles de templos y pagodas en los que veneran a Buda & friends.

Sin duda, este es un país que guarda varios de los sitios budistas más impresionantes del mundo. Pero una cosa es cierta: los monumentos que encontrarás en la mayoría de las ciudades se vuelven un poco repetitivos después de un rato. Es por eso que hemos decidido recomendarte los más especiales que visitamos, por si tienes poco tiempo o te empieza a aburrir ver mucho de lo mismo (que a nosotros no nos pasó).

Ciertamente ésta lista está hecha a partir de lo que más nos gustó a nosotros y de ninguna manera es objetiva y muchísima gente podría diferir. Eso sí, te aseguramos que valen muchísimo la pena y aunque no se conviertan en tus favoritos, no te arrepentirás de visitarlos.

Y el premio al Buda reclinado más impactante va para …  


MYA THA LYAUNG. Este magnífico Buda al aire libre está localizado en la ciudad de Bago, muy cerca del otro Buda reclinado también digno de mención, el  Shwe Tha Lyaung. Fue construído en 2002 y aunque no es el más grande de Myanmar –mide solo 82 metros- es unos de los pocos Budas de este tipo que no está techado ni rodeado por columnas. Esto te hace sentir diminuto pero a la vez libre, y que quieras quedarte buen rato sentado bajo su mirada contemplativa. Quizás algún chico simpático te querrá vender postales y contarte la historia de cuando se le cayó la mano por las lluvias y cómo se la reconstruyeron. Por lo regular no hay muchos turistas visitándolo así que te aseguramos que estar ahí te traerá una sensación de paz y serenidad que puede resultar un gran alivio del desmadre, ruido y alboroto que son la norma en la ciudad.


El premio al Buda sentado más majestuoso es para …


NGA HTAT GYI. Se encuentra en la pagoda del mismo nombre, en la ciudad de Yangon, al norte del lago Kan Daw Gyi y justo al otro lado de la avenida donde está el monasterio Chauk Htat Gyi (que tiene otro buda reclinado). El Buda de Nga Htat Gyi mide 14 metros y data del año 1900, porta una brillante armadura dorada y su tocado está cubierto de piedras preciosas reales. El trabajo de tallado en madera que está a sus espaldas es espectacular. Al entrar en el recinto el ambiente es tan agradable y apacible que dan ganas de sentarte a meditar o simplemente a admirar cada detalle.


El premio a la pagoda más suntuosa va para …


SHWEDAGON PAYA. Se localiza en la ciudad de Yangón, al oeste del lago Kan Daw Gyi. La leyenda cuenta que fue construida hace 2500 años –lo que la haría la más antigua del mundo- y que en ella están guardados 8 cabellos y un pedazo de manta de Siddharta Gautama. Mide 100 metros de altura y está cubierta por 26 toneladas de oro puro. ¡Esto es bling-bling de verdad señores! Está rodeada de un complejo de templos con Budas de todos tamaños, colores y texturas, lo que la hace parecer una pequeña ciudad sagrada. Algo es seguro, ninguna pagoda te sorprenderá más que esta. Puedes pasar mucho tiempo recorriendo los pasillos y alucinarte con tanto brillo, tanto color y tantos rituales que acostumbran los creyentes locales.


El premio a la subida más inspiradora a una montaña sagrada es para …


MANDALAY HILL. Esta montaña está situada al noreste del la ciudad de Mandalay, muy cerca del Palacio Real. La cima se encuentra a 240 metros de altura y llegar ahí es todo un reto físico (por lo menos para nosotros lo fue). Afortunadamente hay varios niveles en los que puedes tomar un descanso y tomar un cold drink para recuperar energía. En uno de esos niveles encontrarás un buda de pie señalando Mandalay con su dedo, donde según una antigua profecía, se asentaría una gran ciudad.  No te rindas porque al final te espera la Sutaungpyei Pagoda, con sus paredes llenas de cristales de colores, imágenes de seres divinos, y criaturas mitológicas representando los renacimientos de Buda; un coctel de imágenes que te harán sentir en medio de un sueño medio psicodélico. La vista del atardecer es la cereza del pastel así que ¡piernas listas capitán! No te arrepentirás.


El premio al Buda más místico va para …


MAHAMUNI BUDA. Está situado en el templo del mismo nombre que se encuentra al suroeste de la ciudad de Mandalay. Cuenta la leyenda que la imagen fue hecha cuando el Buda aún vivía, y que él mismo le imprimió su imagen idéntica y su le confirió su bendita esencia al soplar sobre ella. Es por esto que es uno de los Budas más venerados en Myanmar. La imagen está en un pedestal y los feligreses le pegan laminillas de oro en el cuerpo, es por ello que a través de los años se ha ido deformando para crear una masa amorfa que te dejará impresionado. Lo único que conserva en su forma original es la cara. En los alrededores hay estatuas de guerreros de bronce que una vez pertenecieron a Angkor y la gente las toca y se frota el cuerpo pues supuestamente tienen poderes curativos. Si caminando por ahí hay monjes que se ofrezcan a darte un tour gratis, cuidado porque luego son coquetos.


Y el premio a lo mejor en Myanmar va para


BAGAN. No por nada esta zona arqueológica es lo más turístico de Myanmar. Situada en el estado de Mandalay, esta ciudad antigua fue a capital del reino de Bagan, el primero en unificar todos los estados que más tarde constituirían el Myanmar moderno. Entre los siglos XI y XIII se construyeron más de 10,000 templos budistas a lo largo de casi 26 kilómetros cuadrados, de los cuales ahora quedan un poco más de 2,000. Esta ciudad de templos color rojo rodeados de vegetación es simplemente mágica, ¡nos sorprende que no haya sido nombrada como una de las 7 Maravillas del Mundo! Para recorrerlo puedes rentar una bicicleta (si quieres presumir tu buena condición física) o una e-bike que es un poquito más cara pero es más útil para poder cruzar los caminos de tierra que hay entre las avenidas principales y los templos. O ya si quieres gastar mucho dinero puedes rentar un auto de lujo privado con chofer. Pero si tienes tanta plata pues mejor paga el tour en globo aéreo. Ahí sí que debes quedar literalmente anonadado con la espectacular vista. Si andas de mochilero como nosotros, no te preocupes, igualmente puedes tener unas vistas fabulosas ya que hay varios templos a los que puedes subir, y si te agarra la tarde, mirar el atardecer. Créenos, no te conformarás con uno.

Eso sí, aquí todo es más caro que en las demás partes del país, desafortunadamente el turismo en masa hace que se desarrollen complejos que en nuestra muy personal opinión comienzan a destruir los sitios de interés; campos de golf, resorts, hoteles de lujo… Vaya, que por un lado está bien que generen empleo, pero también rompen con la esencia de los lugares y para los locales te conviertes en una billetera con pies. Así se las gasta el “desarrollo”, pero bueno, ese es otro cuento.

Como ya te habrás dado cuenta, todos los sitios que hemos mencionado nos han hecho sentir que estamos en un sueño mágico y Bagan definitivamente se lleva las palmas.




viernes, 4 de diciembre de 2015

EL VERDADERO CORAZÓN DE MYANMAR



 Él es Myu. Tiene 20 años, y vive en una aldea selvática en la periferia de Bago famosa por estar infestada de cobras. Ya no le dan miedo y dice que puede tomarlas con la mano. Estudió hasta la primaria y estuvo por un año en un monasterio budista, que es el deber de todos los niños de su país. Nos cuenta que a pesar de que su familia es rica –de la manera que él entiende la riqueza- a sus padres les tocó ser pobres. Son campesinos y de niño le tocó trabajar en los campos de arroz de la región. Es por eso que sus manos y pies son duros y ásperos, y conserva algunas cicatrices. Dice que es un trabajo muy duro y no le gustaría volver a hacerlo.



Entre las pocas cosas que tiene está un viejo radio que sintoniza cada noche para escuchar música en inglés por la BBC. Es así como ha aprendido a hablarlo, a través de las letras de los Beatles, Bob Dylan, los Rolling Stones, Frank Sinatra y John Denver. Dice que cada vez que escucha una canción que le gusta, toma una hoja de papel y escribe lo que puede de la letra. Continúa apuntando la noche que vuelve a escuchar la canción de nuevo. De la misma forma ha aprendido a tocar la guitarra, aunque le parece más complicado ya que no puede hacer apuntes sobre las melodías y depende solo de su memoria. Y también canta. Mucho y muy bien.



Cuando camina por su aldea inventa diálogos imaginarios para practicar su inglés.



–Hi! How are you?

–I’m very fine, what about yourself?

–I’m also fine, thank you!



Hoy en día siente que ya domina las preguntas básicas y ha comenzado a crear historias y vidas imaginarias de los personajes que interpreta. Dice que le cuesta más trabajo porque intenta que alguno de sus personajes sea occidental y conoce muy poco de ellos.  No sabe qué cosas se preguntan o qué cosas se platican.



Pasó de las miradas extrañas y las risas burlonas a convertirse en el maestro de muchos de los chicos de la aldea. Varios pueden vender postales en la ciudad gracias a lo que él les ha enseñado. Para Myu lo que tiene sentido es compartir lo que sabe. Finalmente, a él le gustaría poder practicar su inglés con los otros chicos de su aldea, no solo con los turistas. 



Con los años, el manejar otro idioma le permitió trabajar en una tienda de figuras de madera talladas afuera del Shwe Tha Lyaung, el templo con el Buda más sagrado de todo Bago. Un día mientras vendía souvenirs a un grupo de turistas, el guía del grupo notó lo bien que lo hacía y terminó pidiéndole ayuda para explicarles dónde sería la siguiente parada. Poco después lo invitó a trabajar en el pequeño hotel de su familia.



Myu es el empleado más capacitado del lugar y posiblemente el peor remunerado, ya que no cuenta con estudios profesionales en turismo. Sin embargo, el lo ve como una bendición y cada vez que se refiere a sus patrones los llama “benefactores”. En temporada alta está bastante ocupado con los turistas que llegan al hotel, y cuando es temporada baja sigue trabajando en el templo, aunque le resulta difícil  porque no le gusta mentir y por esto muchas veces no vende lo que él quisiera.



–Some people say they are selling sandalwood. I cannot do it. Not if I am giving the costumers things made of ordinary wood. But in the end is not as hard as the rice fields, I don’t want to go back there. That is why I prefer the guesthouse job. It’s easy and I don’t have to lie.



En dos años trabajando en el hotel consiguió ahorrar 250 dólares americanos y logró comprarse una motocicleta, que le ha resultado de gran ayuda pues le permite ofrecer recorridos turísticos. Pero tampoco quiere trabajar mucho más en esto, solo quiere ahorrar unos 100 dólares más y comprarse un smartphone o una tablet. No sabe bien que hará después. Eso sí, su sueño lo tiene bien claro: manejar un camioncito –o tout-tout, como les llaman aquí- y llevar gente de aquí a allá, pero para alcanzarlo tiene que juntar entre 1500 y 3000 dólares y eso aquí es una fortuna. No sabe bien cómo los conseguirá pero tampoco le preocupa.



–People in downtown are so interested in money. I don’t want money. I just want a comfortable job. I don’t want to live in downtown or in big city. I like my village, that is where I want to be, forever. That is my happiness. Money is not happiness. They think it is, but it’s not.



Nosotros conocimos a Myu el día que llegamos a Bago cuando nos consiguió el boleto del próximo autobús que tomaríamos. Nos ofreció un tour al día siguiente pero dijimos que no. No nos gusta el ritmo de los tours y en general desconfiamos de los operadores. Pero ese no sería nuestro último encuentro con él.




La mañana siguiente lo encontramos en la puerta del Shwe Tha Lyaung, justamente el templo donde vende artesanías en la temporada baja. Nos saludó con una enorme sonrisa, y nos invitó a tomar el tour con su familia que había venido a visitarlo desde muy lejos. Habían rentado un tout-tout y nos dijo que no había que pagar nada, solo esperaba que no nos molestara compartir el transporte con su abuelita, sus tías, y sus sobrinos. –It will be a little bit tight!- nos advirtió.



Por supuesto aceptamos, y aunque no visitamos sitios que a nosotros nos parecían interesantes resultó un paseo inolvidable, aún cuando nunca pudimos entablar conversación con su familia.



Nos pareció un chico tan auténtico y de buen corazón que decidimos hacerle un regalo: una cámara que ya no usamos mucho y llevábamos como repuesto para el viaje. Tal vez no era el smartphone o la tablet que tanto quiere, pero era algo de ese mundo. Cuando se la dimos no lo creyó. Dijo que era un sueño hecho realidad. No conserva fotos suyas y nunca había podido tomar fotos en momentos especiales con su familia o con sus amigos. Su alegría nos conmovió mucho y no pudimos contener una que otra lágrima. Como agradecimiento, nos invitó el día siguiente a visitar todos los lugares que su familia había decidido saltarse.



La mañana siguiente, al llegar al taller de cigarreras donde nos había llevado para comenzar el paseo le preguntamos por su cámara.



–My boss asked me what it is and told me she wants it. She has laptop computer, smartphones, many tablets, many cameras, but she said it is Samsung and she has no Samsung. She offered me in exchange this phone that I cannot use. It’s broken so I cannot use.



Nuestros rostros cobraron una mezcla de rabia y desilusión que hasta él percibió.



–I’m very sorry, but there is nothing I could do. She is my benefactor and I want to keep my job. She calls me “son” … but sometimes I think it don’t come from the heart. Please forgive me, it was my mistake because I had it in my hand and I let her see. I should have put it away.  



No conseguimos poner mucha atención al taller después de la noticia. Hacía mucho no sentíamos tanta rabia, tanta impotencia, tanta tristeza ante la injusticia. Nos costaba tanto trabajo comprender que en un país “budista” existiera gente tan cruel, tan ruin. Tan ojete.



Pero Myu ya había dejado atrás aquello y estaba sonriente y feliz de poder mostrarnos su ciudad.



En medio de todo el malviaje, y ya cuando estábamos los tres sobre la motocicleta en dirección hacia la próxima parada, tal vez para aligerar la tensión, Myu comenzó a cantar con gran alegría …



When I find myself in times of trouble,

Mother Mary comes to me.

Speaking words of wisdom,

Let it be.



Así. Una puta bomba.



Teníamos ahí la historia de los pueblos budistas. Ante la injusticia, la vejación y el despojo, la resignación y la paz. Gente que no es capaz de la insubordinación. Gente que pone la lealtad mucho antes que la justicia. Gente que no estalla. Porque para todo budista la justicia no está en esta vida. Es la perturbadora posibilidad de que verdaderamente exista la paz ante el sufrimiento. Es la gran capacidad de vivir la atrocidad y no sólo no inmutarse, sino darle buena cara. Es ahí cuando las palabras sobran y te das cuenta de que el “desarrollo” le queda pequeño a este mundo en muchos sentidos. Y sale debiendo. Si bien es cierto que muchísima de esta gente tiene carencias materiales serias y se encuentran en el abandono jurídico, nosotros tenemos carencias emocionales y espirituales igual de graves. Son lecciones como estas por las que viajamos.



Pero bueno, como nuestra cultura es la de combatir la injusticia y no la de aceptarla estóicamente, decidimos hacerle un nuevo regalo a Myu. Le hemos dado un viejo iPod con el que también quedó fascinado. –¡I can touch music!- nos dijo no sé cuántas veces. Y le hicimos prometer que por ninguna razón sacaría el iPod de su mochila cuando estuviera en el hotel. Jamás.



Al despedirnos en la estación de autobús, nos contó que el hijo mayor de la patrona se había enterado de lo que había sucedido con la cámara y la ha obligado a regresársela. Intentó devolvernos el iPod diciendo que ya le habíamos dado mucho. Nosotros no lo aceptamos y le dijimos que en nuestra cultura un regalo no se devuelve. No sabemos si en verdad le regresarán la cámara, o si se trató de una excusa que inventó porque le da pena no poder correspondernos de la misma manera, o peor aún, si en el hotel se enteraron del nuevo regalo y le obligaron a que lo devolviera. Y también siempre estará la posibilidad de que todo haya sido un engaño o una buena actuación. Pero tal vez sea ahí donde debamos recordar la lección de nuestro amigo: let it be.  

  

viernes, 6 de noviembre de 2015

BATU CAVES LO EXÓTICO DE KUALA LUMPUR



Para los que han estado viajando por el Sureste de Asia por un tiempo, Kuala Lumpur es un breve respiro del caos característico de la región; una ciudad globalizada que goza de muchas de las comodidades que dejamos atrás en casa. Para los que vienen llegando, es un puente que suaviza la transición al pandemonio de ruidos, olores y sabores que está por venir; una ciudad moderna que alberga una fusión de culturas netamente asiáticas, pero sin ser obra del mismo cirujano plástico que creó Singapur. En buena medida es más auténtica y está más viva.

Para algunos es Asia. Para otros no. Es y no es.

Seguramente ya has escuchado sobre las Torres Petronas. Las recordarás de algún anuncio, una postal o tal vez de un churro de película con Sean Connery y JLo. La visita es obligada –la iluminación nocturna es increíble- pero después de un par de horas de contemplación, no hay mucho que ver y si no estás mucho en el ajo de la arquitectura moderna, difícilmente te harán sentir diferente. En otras palabras, no creemos que sea lo más especial –o sui géneris- de Kuala Lumpur.

Sabemos que probablemente has visitado templos hasta el cansancio durante tu viaje y puede que ya te quieras dar un tiro de tan solo escuchar sobre otro más, pero aquí te vamos a recomendar uno muy especial. Seguramente ya habrás visto estatuas del Buda acostado, sentado, parado, saltando, sacándose un moco, o hasta bailando reaggetón. Tal vez también viste algunos templos taoístas o chinos en Vietnam. Pero lo que definitivamente no hay en ningún otro lugar del Sureste de Asia –o no a esta magnitud- es un templo hindú. Si no has tenido la oportunidad de visitar alguno de estos en el sur de India, una visita a las Batu Caves te vendrá de maravilla.

Ahora, si los templos no son lo tuyo … va a ser complicado viajar por el Sureste Asiático, están por doquier.


¿Qué son las Batu Caves?

Se trata de un sistema de cuevas en una montaña de roca caliza cubierta de vegetación tropical con varios templos al interior. Justo de ese tipo de lugares de los que uno no se explica de dónde les salió la idea de construir un sitio religioso: inhóspito, de difícil acceso, y de difícil mantenimiento. La cueva principal, la Temple Cave, se encuentra en la cima. A la entrada te recibe una majestuosa estatua dorada del dios a quien está dedicado el tempo, Sri Murugan, que es suficiente para hacer que la visita valga la pena. Con 43 metros de altura, es la segunda estatua hinduista más alta del mundo. Tal vez da un poco igual saber quién diablos es Sri Murugan, pero para los curiosos, se trata de una representación del señor de la guerra: Katrikeya, Skanda, Murugan, Kumaran, Kumara Swami y no sé cuántos más aliases.




Para llegar a la cima hay que subir 282 escalones y sortear una banda de monos que harán que el carterista más talentoso de tu ciudad parezca un niñato. Tranquilo, tal vez sean unos delincuentes pero no son agresivos. Tampoco venderán tus cosas al contrabandista de su barrio, así que si te llegan a arrebatar algo posiblemente lo tiren al suelo cuando descubran que no había comida adentro.

¿Cómo llego?

No te costará mucho trabajo llegar a las Batu Caves. Puedes tomar por 2.5 ringitts el autobús U6 desde Medan Pasar, que se encuentra justo debajo del edificio de HSBC a un costado de la plaza del reloj, justo afuera del Central Market. El autobús toma 45 minutos en llegar y te deja a dos cuadras de la entrada. Otra opción es tomar el metro hasta la estación Batu Caves. Esta opción es más rápida pues toma solo 25 minutos, pero su costo es variable dependiendo de qué tan lejos vengas y de cuántas veces cambies de línea.

De regreso sí es más sencillo tomar el metro pues el acceso a la estación está a un costado de la entrada –a un lado de una enorme estatua verde del dios Hanuman- aunque posiblemente también lo puedes hacer por autobús, solo que tendrás que investigar dónde es la parada.



¿Cuánto cuesta?

¡Nada! Si visitas solamente el templo, no tiene ningún costo. A la subida te pedirán que te cubras las piernas con un sarong, si no llevas uno ahí mismo puedes rentarlo. Es raro, hay gente que lo lleva y hay gente que va en shorts sin problemas, no sabemos de qué dependa, así que queda a tu juicio.  

Ya en el templo, el brahmán (el sacerdote, pues) te pedirá que te acerques para que te de una bendición. Si quieres seguirle el juego, has de saber que al final te pedirá que pongas un “donativo” –sí, esto incluye la experiencia completa de los templos hindús-  en una charola. Nosotros vimos que los locales dejan entre 2 y 5 ringitts, aunque si le das oportunidad intentará que te ponga más “generoso”, incluso se ofrecerá a traerte cambio si le muestras que solo traes billetes grandes. Pero vale, tampoco muerden y recuerda que no es un asalto, es una experiencia más que seguro recordarás por mucho tiempo. Además, recuerda lo que son dos ringitts en tu moneda.


Si lo tuyo es lo jarcor visítalas durante el Thaipusam

El Thaipusam es una celebración tamil que cobra proporciones insólitas en este lugar. Miles de turistas y cerca de un millón de peregrinos acuden al templo en esta fecha para mostrar su devoción a Sri Murugan. Muchos de ellos realizan un kavaddi, que significa penitencia, y podrás verlos ver cómo se perforan la lengua, mejillas y espalda para hacerla más dolorosa. Ya sabes, no pain no gain. En fin. 




Bonus: Dark Cave

Poco antes de llegar al final de la subida encontrarás una desviación a un paseo por otra cueva, la Dark Cave. Se trata de un recorrido donde te explican el funcionamiento de las cavernas así como del ecosistema que se encuentra dentro de ellas. La cueva no está iluminada –de ahí el nombre- y no permite el uso de fotografía con flash. Además de una importante población de murciélagos –que nunca verás pero sí escucharás- tiene algunas formaciones rocosas interesantes, pero tampoco esperes encontrar una gruta mágica. A la larga el paseo vale la pena, pues es bastante informativo y durante el recorrido te muestran varios bichos espeluznantes que habitan la cueva.


El recorrido tiene una duración de 45 minutos y su costo es de 35 ringitts que están destinados a la conservación de la cueva y de las especies que viven en ella, algunas en peligro de extinción. Así que si te decides por visitarla, sabrás que el dinero va a una buena causa y no a una compañía turística depredadora.