miércoles, 16 de diciembre de 2015

LO QUE NO TE PUEDES PERDER EN MYANMAR

Myanmar es un país colmado de vida y sonrisas; de colores, olores, sabores y sonidos exóticos que asombran a cualquiera, para bien o para mal. Nuestro paso por este fascinante país nos ha dejado experiencias inolvidables y amigos entrañables. Pero sobre todo, nos ha revelado a un pueblo devoto que con mucho fervor protege y conserva –muchas veces apoyando con más de lo que tiene- los miles de templos y pagodas en los que veneran a Buda & friends.

Sin duda, este es un país que guarda varios de los sitios budistas más impresionantes del mundo. Pero una cosa es cierta: los monumentos que encontrarás en la mayoría de las ciudades se vuelven un poco repetitivos después de un rato. Es por eso que hemos decidido recomendarte los más especiales que visitamos, por si tienes poco tiempo o te empieza a aburrir ver mucho de lo mismo (que a nosotros no nos pasó).

Ciertamente ésta lista está hecha a partir de lo que más nos gustó a nosotros y de ninguna manera es objetiva y muchísima gente podría diferir. Eso sí, te aseguramos que valen muchísimo la pena y aunque no se conviertan en tus favoritos, no te arrepentirás de visitarlos.

Y el premio al Buda reclinado más impactante va para …  


MYA THA LYAUNG. Este magnífico Buda al aire libre está localizado en la ciudad de Bago, muy cerca del otro Buda reclinado también digno de mención, el  Shwe Tha Lyaung. Fue construído en 2002 y aunque no es el más grande de Myanmar –mide solo 82 metros- es unos de los pocos Budas de este tipo que no está techado ni rodeado por columnas. Esto te hace sentir diminuto pero a la vez libre, y que quieras quedarte buen rato sentado bajo su mirada contemplativa. Quizás algún chico simpático te querrá vender postales y contarte la historia de cuando se le cayó la mano por las lluvias y cómo se la reconstruyeron. Por lo regular no hay muchos turistas visitándolo así que te aseguramos que estar ahí te traerá una sensación de paz y serenidad que puede resultar un gran alivio del desmadre, ruido y alboroto que son la norma en la ciudad.


El premio al Buda sentado más majestuoso es para …


NGA HTAT GYI. Se encuentra en la pagoda del mismo nombre, en la ciudad de Yangon, al norte del lago Kan Daw Gyi y justo al otro lado de la avenida donde está el monasterio Chauk Htat Gyi (que tiene otro buda reclinado). El Buda de Nga Htat Gyi mide 14 metros y data del año 1900, porta una brillante armadura dorada y su tocado está cubierto de piedras preciosas reales. El trabajo de tallado en madera que está a sus espaldas es espectacular. Al entrar en el recinto el ambiente es tan agradable y apacible que dan ganas de sentarte a meditar o simplemente a admirar cada detalle.


El premio a la pagoda más suntuosa va para …


SHWEDAGON PAYA. Se localiza en la ciudad de Yangón, al oeste del lago Kan Daw Gyi. La leyenda cuenta que fue construida hace 2500 años –lo que la haría la más antigua del mundo- y que en ella están guardados 8 cabellos y un pedazo de manta de Siddharta Gautama. Mide 100 metros de altura y está cubierta por 26 toneladas de oro puro. ¡Esto es bling-bling de verdad señores! Está rodeada de un complejo de templos con Budas de todos tamaños, colores y texturas, lo que la hace parecer una pequeña ciudad sagrada. Algo es seguro, ninguna pagoda te sorprenderá más que esta. Puedes pasar mucho tiempo recorriendo los pasillos y alucinarte con tanto brillo, tanto color y tantos rituales que acostumbran los creyentes locales.


El premio a la subida más inspiradora a una montaña sagrada es para …


MANDALAY HILL. Esta montaña está situada al noreste del la ciudad de Mandalay, muy cerca del Palacio Real. La cima se encuentra a 240 metros de altura y llegar ahí es todo un reto físico (por lo menos para nosotros lo fue). Afortunadamente hay varios niveles en los que puedes tomar un descanso y tomar un cold drink para recuperar energía. En uno de esos niveles encontrarás un buda de pie señalando Mandalay con su dedo, donde según una antigua profecía, se asentaría una gran ciudad.  No te rindas porque al final te espera la Sutaungpyei Pagoda, con sus paredes llenas de cristales de colores, imágenes de seres divinos, y criaturas mitológicas representando los renacimientos de Buda; un coctel de imágenes que te harán sentir en medio de un sueño medio psicodélico. La vista del atardecer es la cereza del pastel así que ¡piernas listas capitán! No te arrepentirás.


El premio al Buda más místico va para …


MAHAMUNI BUDA. Está situado en el templo del mismo nombre que se encuentra al suroeste de la ciudad de Mandalay. Cuenta la leyenda que la imagen fue hecha cuando el Buda aún vivía, y que él mismo le imprimió su imagen idéntica y su le confirió su bendita esencia al soplar sobre ella. Es por esto que es uno de los Budas más venerados en Myanmar. La imagen está en un pedestal y los feligreses le pegan laminillas de oro en el cuerpo, es por ello que a través de los años se ha ido deformando para crear una masa amorfa que te dejará impresionado. Lo único que conserva en su forma original es la cara. En los alrededores hay estatuas de guerreros de bronce que una vez pertenecieron a Angkor y la gente las toca y se frota el cuerpo pues supuestamente tienen poderes curativos. Si caminando por ahí hay monjes que se ofrezcan a darte un tour gratis, cuidado porque luego son coquetos.


Y el premio a lo mejor en Myanmar va para


BAGAN. No por nada esta zona arqueológica es lo más turístico de Myanmar. Situada en el estado de Mandalay, esta ciudad antigua fue a capital del reino de Bagan, el primero en unificar todos los estados que más tarde constituirían el Myanmar moderno. Entre los siglos XI y XIII se construyeron más de 10,000 templos budistas a lo largo de casi 26 kilómetros cuadrados, de los cuales ahora quedan un poco más de 2,000. Esta ciudad de templos color rojo rodeados de vegetación es simplemente mágica, ¡nos sorprende que no haya sido nombrada como una de las 7 Maravillas del Mundo! Para recorrerlo puedes rentar una bicicleta (si quieres presumir tu buena condición física) o una e-bike que es un poquito más cara pero es más útil para poder cruzar los caminos de tierra que hay entre las avenidas principales y los templos. O ya si quieres gastar mucho dinero puedes rentar un auto de lujo privado con chofer. Pero si tienes tanta plata pues mejor paga el tour en globo aéreo. Ahí sí que debes quedar literalmente anonadado con la espectacular vista. Si andas de mochilero como nosotros, no te preocupes, igualmente puedes tener unas vistas fabulosas ya que hay varios templos a los que puedes subir, y si te agarra la tarde, mirar el atardecer. Créenos, no te conformarás con uno.

Eso sí, aquí todo es más caro que en las demás partes del país, desafortunadamente el turismo en masa hace que se desarrollen complejos que en nuestra muy personal opinión comienzan a destruir los sitios de interés; campos de golf, resorts, hoteles de lujo… Vaya, que por un lado está bien que generen empleo, pero también rompen con la esencia de los lugares y para los locales te conviertes en una billetera con pies. Así se las gasta el “desarrollo”, pero bueno, ese es otro cuento.

Como ya te habrás dado cuenta, todos los sitios que hemos mencionado nos han hecho sentir que estamos en un sueño mágico y Bagan definitivamente se lleva las palmas.




sábado, 12 de diciembre de 2015

MANDALAY EN 3 DÍAS





Antes que nada debemos advertirte que Myanmar no es un lugar para delicaditos, es más un país es para aventureros. Si tienes ese espíritu pero aún no lo has visitado, ahora es el mejor momento ya que el turismo de masas todavía no arrasa con la esencia original del país.

La ciudad de Mandalay es un claro ejemplo de esto y es una de las ciudades que no te querrás perder. Para conocer lo más importante de ella no necesitas más de tres días aunque, eso sí, bastante activos. Y vale la pena. Aquí nuestra recomendación de cómo organizar tu paso por esta bella ciudad que, cabe mencionar, sí parece una ciudad. ¡Tiene policías de tránsito! … Esporádicamente.

Un momento. ¿Dónde empiezo?

Si estás preguntándote dónde hacer base te recomendamos hospedarte en Yoe Yoe Lay Homestay. Es un hotel muy pequeño y sencillo, pero bastante económico y acogedor, y con un servicio y un cuidado en los detalles que te sorprenderán. La anfitriona, la amabilísima Nan Bwe, te puede rentar una bicicleta o una moto, o bien organizar un taxi para que te muevas por la ciudad sin problema, pues debes saber que en Mandalay no hay transporte público. En Yoe Yoe Lay puedes tomar un mapa de la ciudad para no perderte, que además incluye los puntos de interés de la ciudad así como bancos, restaurantes y demás.


Nosotros escogimos la bici por ser la opción más económica y hasta cierto punto más segura (2000 kyats por día). Te advertimos desde ahora que los burmeses manejan como stunts de Rápido y Furioso y vimos por lo menos dos turistas con heridas graves por accidentes de motocicleta. Así que si optas por la moto, recuerda que no eres de plástico.

¿Hay que pagar algo?

Para acceder a los lugares más emblemáticos -Mandalay Palace, Golden Palace Monastery, dos sitios en Inwa y uno en Amarapura- necesitas un ticket que cuesta 10,000 kyats por persona y tiene una validez de 5 días. Lo puedes comprar en cualquiera de ésos sitios; en cada uno te lo checarán y sellarán. En varios lugares también te van a cobrar por el uso de la cámara (1000 kyats). Hay turistas que buscan maneras de no pagar, pero si hay dinero para cervezas y fiesta, tal vez sea momento de dejar un poco la tacañería, y no escatimar en lo que de verdad vale la pena de este país.

Puedes planear tus días más o menos de la siguiente manera.

Día 1. Mandalay Palace y Mandalay Hill.  

Puedes comenzar este día haciendo el norte de la ciudad. Rodeado por un foso aún lleno de agua, el Palacio de Mandalay fue construido totalmente con madera de teca a finales de los 1850´s y fue la morada de la última monarquía burmesa. Camina por sus edificios y sube a la torre para tener un panorama completo.


Una cuadra más adelante puedes continuar el recorrido visitando el Shwenandaw Kyaun –Golden Palace Monastery con unos detalles de tallado en madera impresionantes. Es una lástima que el país no tenga recursos para darle mantenimiento a estos hermosos sitios.


A un lado está el Atumashi Monastery, restaurado en 1996 por el departamento de Arqueología de Burma, tras haber sido destruido por un incendio en 1890. Una cuadra más al norte las Sandamuni Pagoda que es un jardín con una gran estupa dorada rodeada de otras muchas estupas blancas. Ahí están las tumbas Kanaug Mintha - hermano menor de rey Mindon- y tres princesas junto a las que fue asesinado. Y en frente está la Kuthodaw Pagoda que contiene el libro más grande del mundo inscrito en las zayats –pagodas con casita- que rodean la estupa principal. Estas paradas valen la pena para hacer el camino a la cercana Mandalay Hill.


En este punto ya deberías haber tomado un descanso para comer, tomar agua y  cargar energía porque te esperan 40 minutos de escaleras. Hay taxistas que te suben por unos cuantos kyats, pero, ¡vamos! ¡deja la pereza para un resort! ¡Ofrece tu esfuerzo a los dioses y quizá te concedan el milagro de bajar esa barriga cervecera! Claro que hay descansos en varios niveles, cada uno con su Buda y vendedores de diversas chucherías, pero nada molesto. Los últimos dos niveles cambian drásticamente pasando de lo sencillo a lo centelleante, y te hacen darte cuenta de por qué vale la pena la subida. La idea es que llegues hasta la cima para ver el atardecer. ¡Que chula vista! Si ya andas de flojo hay elevadores que te bajan, pero ni se nos ocurrió preguntar cuánto costaban, con solo ver la fila decidimos hacer buena pierna. De cualquier forma, no te arrepentirás.



Día 2. Mahamuni Paya y Marionette Show.

Al sur de la ciudad se encuentra el templo del Mahamuni Buda, que según cuenta la leyenda es una imagen a la que Buda le imprimió su exacta imagen al soplar sobre ella hace aproximadamente dos mil quinientos años. Muchos creyentes acuden a venerar la imagen y le pegan laminillas de oro para mostrarle su devoción. Es por esto que lo único bien definido es su cara, ya que el cuerpo parece más una masa de oro que ha crecido de manera impresionante a través de los años.


Por ahí puede acercase algún monje que se ofrezca de guía sin cobrarte nada, pasarás un rato comiquísimo si te toca como a nosotros uno que te quiera ligar sin importarle si vas acompañada o no. ¿Que, qué?  Así es, no todos son tan santos como podrías imaginar.



En las calles alrededor del templo se encuentran los talleres de tallado de mármol, madera y metales, en los que verás a la gente trabajando duro con sus caritas siempre sonrientes y empanizadas de polvo de las piedras. Si ves una estatua de Buda con la cara aún sin tallar, es porque cuando la gente compra uno elige el rostro que quieren que tenga.


Si ya estás un poco cansado, almuerza y descansa un poco porque si algo no te puedes perder es el show de títeres en el Myanmar Marionettes Theatre que se presenta todas las noches a las 20:30 hrs. En 1986 dos chicas formaron esta pequeña compañía para rescatar esta tradición que anteriormente no solo servía como entretenimiento, sino también para educar y concientizar a toda la gente sobre lo que pasaba en el mundo. Tendrás la oportunidad de conocer al maestro U Pan Aye de 84 años que ha enseñado este arte a todos los titiriteros de la compañía y que a su vez fue entrenado por uno de los descendientes de profesionales ancestrales. El costo es de 10,000 kyats por persona pero créenos, te conmoverá y te hará recuperar un poco de fe en la humanidad.


Día 3. The Ancient Cities.

Este recorrido es en las afueras de Mandalay así que aquí no podrás utilizar bicileta. Yoe Yoe Lay ofrece un tour en taxi de las 8:30 a las 18:30 por 35,000 kyats. Aquí la onda es que en el auto caben cuatro personas y te dan la opción de compartirlo, así que terminas pagando  8,750 kyats por persona. Bastante bien.

El tour comienza y termina en la ciudad de Amarapura que está 11 kilómetros al sur de Mandalay. Primero, en el monasterio activo Maha Ganayon Kyaung, en donde podrás presenciar el ritual del almuerzo de cientos de monjes que estudian y viven ahí. Los monjes se forman en un pabellón guardando una increíble calma ante las miradas de los turistas que toman fotos sin cesar. Familias les entregan donaciones mientras avanzan por el último alimento que saborearán en el día.



La segunda ciudad es Sagaing a la que se llega cruzando el gran puente del río Ayeyarwady. Desde ahí verás su mayor atracción, la Sagaing Hill, que es una montaña cubierta de pagodas y monasterios donde visitarás la Sone Oo Pone Nya Shin. Pero recuerda que en las montañitas sagradas de este país se paga con mucho sudor … La vista desde la cima es hermosísima, pero tendrás que subir 20 minutos de escaleras.


En frente está la U Min Thonze Cave, cuyo nombre significa 30 cuevas y es una pagoda que literalmente las tiene. Cada entrada está adornada con seres mitológicos de estuco y en el resplandeciente interior podrás admirar una fila de 45 majestuosos Budas.


La tercera ciudad en el paseo es la isla de Innwa. Para llegar a ella tienes que tomar un bote –1000 kyats, ida y vuelta- que en menos de 10 minutos te dejará del otro lado donde hay carruajes –5,000 kyats por persona, capacidad para hasta tres personas- que le dan la vuelta a la isla. Visitarás el Bagaya Monastery, una torre a la que nadie se sube porque parece que está a punto de derrumbarse, el Maha Aung Myae Bone Zan Monastery y algunos templos menores. En los más importantes te revisan el ticket, así que ¡no lo pierdas!


El taxista te estará esperando al regreso para llevarte de nuevo a Amarapura, ahora al Kyo Aung Sanda, que es un monasterio con un Buda reclinado y bastantes figuras coloridas que te harán pensar en Alicia en el País de las Maravillas versión Asia.


Para finalizar verás el atardecer en el U Bein Wood Bridge, el puente de madera más largo del mundo. La vista no es tan romántica como nos imaginamos debido a los comercios que se han establecido alrededor del puente, pero te recomendamos ver el lado bueno y compartir una cerveza con tus acompañantes. Será el final de un buen día.


Otra recomendación importante de Mandalay: evita en lo posible la comida callejera, aventurarse a comer las fritangas de los puestitos puede terminar en una infección estomacal. Nos pasó a nosotros y por lo menos vimos cuatro casos más en otros turistas. Si no quieres sacrificar el verdadero sabor de Mandalay, busca restaurancitos locales que se vean de confianza.

Apostamos a que ya estás con la mochila lista  para esta experiencia. Esperamos que tu paso por Mandalay sea tan divertido como el nuestro!!

viernes, 4 de diciembre de 2015

EL VERDADERO CORAZÓN DE MYANMAR



 Él es Myu. Tiene 20 años, y vive en una aldea selvática en la periferia de Bago famosa por estar infestada de cobras. Ya no le dan miedo y dice que puede tomarlas con la mano. Estudió hasta la primaria y estuvo por un año en un monasterio budista, que es el deber de todos los niños de su país. Nos cuenta que a pesar de que su familia es rica –de la manera que él entiende la riqueza- a sus padres les tocó ser pobres. Son campesinos y de niño le tocó trabajar en los campos de arroz de la región. Es por eso que sus manos y pies son duros y ásperos, y conserva algunas cicatrices. Dice que es un trabajo muy duro y no le gustaría volver a hacerlo.



Entre las pocas cosas que tiene está un viejo radio que sintoniza cada noche para escuchar música en inglés por la BBC. Es así como ha aprendido a hablarlo, a través de las letras de los Beatles, Bob Dylan, los Rolling Stones, Frank Sinatra y John Denver. Dice que cada vez que escucha una canción que le gusta, toma una hoja de papel y escribe lo que puede de la letra. Continúa apuntando la noche que vuelve a escuchar la canción de nuevo. De la misma forma ha aprendido a tocar la guitarra, aunque le parece más complicado ya que no puede hacer apuntes sobre las melodías y depende solo de su memoria. Y también canta. Mucho y muy bien.



Cuando camina por su aldea inventa diálogos imaginarios para practicar su inglés.



–Hi! How are you?

–I’m very fine, what about yourself?

–I’m also fine, thank you!



Hoy en día siente que ya domina las preguntas básicas y ha comenzado a crear historias y vidas imaginarias de los personajes que interpreta. Dice que le cuesta más trabajo porque intenta que alguno de sus personajes sea occidental y conoce muy poco de ellos.  No sabe qué cosas se preguntan o qué cosas se platican.



Pasó de las miradas extrañas y las risas burlonas a convertirse en el maestro de muchos de los chicos de la aldea. Varios pueden vender postales en la ciudad gracias a lo que él les ha enseñado. Para Myu lo que tiene sentido es compartir lo que sabe. Finalmente, a él le gustaría poder practicar su inglés con los otros chicos de su aldea, no solo con los turistas. 



Con los años, el manejar otro idioma le permitió trabajar en una tienda de figuras de madera talladas afuera del Shwe Tha Lyaung, el templo con el Buda más sagrado de todo Bago. Un día mientras vendía souvenirs a un grupo de turistas, el guía del grupo notó lo bien que lo hacía y terminó pidiéndole ayuda para explicarles dónde sería la siguiente parada. Poco después lo invitó a trabajar en el pequeño hotel de su familia.



Myu es el empleado más capacitado del lugar y posiblemente el peor remunerado, ya que no cuenta con estudios profesionales en turismo. Sin embargo, el lo ve como una bendición y cada vez que se refiere a sus patrones los llama “benefactores”. En temporada alta está bastante ocupado con los turistas que llegan al hotel, y cuando es temporada baja sigue trabajando en el templo, aunque le resulta difícil  porque no le gusta mentir y por esto muchas veces no vende lo que él quisiera.



–Some people say they are selling sandalwood. I cannot do it. Not if I am giving the costumers things made of ordinary wood. But in the end is not as hard as the rice fields, I don’t want to go back there. That is why I prefer the guesthouse job. It’s easy and I don’t have to lie.



En dos años trabajando en el hotel consiguió ahorrar 250 dólares americanos y logró comprarse una motocicleta, que le ha resultado de gran ayuda pues le permite ofrecer recorridos turísticos. Pero tampoco quiere trabajar mucho más en esto, solo quiere ahorrar unos 100 dólares más y comprarse un smartphone o una tablet. No sabe bien que hará después. Eso sí, su sueño lo tiene bien claro: manejar un camioncito –o tout-tout, como les llaman aquí- y llevar gente de aquí a allá, pero para alcanzarlo tiene que juntar entre 1500 y 3000 dólares y eso aquí es una fortuna. No sabe bien cómo los conseguirá pero tampoco le preocupa.



–People in downtown are so interested in money. I don’t want money. I just want a comfortable job. I don’t want to live in downtown or in big city. I like my village, that is where I want to be, forever. That is my happiness. Money is not happiness. They think it is, but it’s not.



Nosotros conocimos a Myu el día que llegamos a Bago cuando nos consiguió el boleto del próximo autobús que tomaríamos. Nos ofreció un tour al día siguiente pero dijimos que no. No nos gusta el ritmo de los tours y en general desconfiamos de los operadores. Pero ese no sería nuestro último encuentro con él.




La mañana siguiente lo encontramos en la puerta del Shwe Tha Lyaung, justamente el templo donde vende artesanías en la temporada baja. Nos saludó con una enorme sonrisa, y nos invitó a tomar el tour con su familia que había venido a visitarlo desde muy lejos. Habían rentado un tout-tout y nos dijo que no había que pagar nada, solo esperaba que no nos molestara compartir el transporte con su abuelita, sus tías, y sus sobrinos. –It will be a little bit tight!- nos advirtió.



Por supuesto aceptamos, y aunque no visitamos sitios que a nosotros nos parecían interesantes resultó un paseo inolvidable, aún cuando nunca pudimos entablar conversación con su familia.



Nos pareció un chico tan auténtico y de buen corazón que decidimos hacerle un regalo: una cámara que ya no usamos mucho y llevábamos como repuesto para el viaje. Tal vez no era el smartphone o la tablet que tanto quiere, pero era algo de ese mundo. Cuando se la dimos no lo creyó. Dijo que era un sueño hecho realidad. No conserva fotos suyas y nunca había podido tomar fotos en momentos especiales con su familia o con sus amigos. Su alegría nos conmovió mucho y no pudimos contener una que otra lágrima. Como agradecimiento, nos invitó el día siguiente a visitar todos los lugares que su familia había decidido saltarse.



La mañana siguiente, al llegar al taller de cigarreras donde nos había llevado para comenzar el paseo le preguntamos por su cámara.



–My boss asked me what it is and told me she wants it. She has laptop computer, smartphones, many tablets, many cameras, but she said it is Samsung and she has no Samsung. She offered me in exchange this phone that I cannot use. It’s broken so I cannot use.



Nuestros rostros cobraron una mezcla de rabia y desilusión que hasta él percibió.



–I’m very sorry, but there is nothing I could do. She is my benefactor and I want to keep my job. She calls me “son” … but sometimes I think it don’t come from the heart. Please forgive me, it was my mistake because I had it in my hand and I let her see. I should have put it away.  



No conseguimos poner mucha atención al taller después de la noticia. Hacía mucho no sentíamos tanta rabia, tanta impotencia, tanta tristeza ante la injusticia. Nos costaba tanto trabajo comprender que en un país “budista” existiera gente tan cruel, tan ruin. Tan ojete.



Pero Myu ya había dejado atrás aquello y estaba sonriente y feliz de poder mostrarnos su ciudad.



En medio de todo el malviaje, y ya cuando estábamos los tres sobre la motocicleta en dirección hacia la próxima parada, tal vez para aligerar la tensión, Myu comenzó a cantar con gran alegría …



When I find myself in times of trouble,

Mother Mary comes to me.

Speaking words of wisdom,

Let it be.



Así. Una puta bomba.



Teníamos ahí la historia de los pueblos budistas. Ante la injusticia, la vejación y el despojo, la resignación y la paz. Gente que no es capaz de la insubordinación. Gente que pone la lealtad mucho antes que la justicia. Gente que no estalla. Porque para todo budista la justicia no está en esta vida. Es la perturbadora posibilidad de que verdaderamente exista la paz ante el sufrimiento. Es la gran capacidad de vivir la atrocidad y no sólo no inmutarse, sino darle buena cara. Es ahí cuando las palabras sobran y te das cuenta de que el “desarrollo” le queda pequeño a este mundo en muchos sentidos. Y sale debiendo. Si bien es cierto que muchísima de esta gente tiene carencias materiales serias y se encuentran en el abandono jurídico, nosotros tenemos carencias emocionales y espirituales igual de graves. Son lecciones como estas por las que viajamos.



Pero bueno, como nuestra cultura es la de combatir la injusticia y no la de aceptarla estóicamente, decidimos hacerle un nuevo regalo a Myu. Le hemos dado un viejo iPod con el que también quedó fascinado. –¡I can touch music!- nos dijo no sé cuántas veces. Y le hicimos prometer que por ninguna razón sacaría el iPod de su mochila cuando estuviera en el hotel. Jamás.



Al despedirnos en la estación de autobús, nos contó que el hijo mayor de la patrona se había enterado de lo que había sucedido con la cámara y la ha obligado a regresársela. Intentó devolvernos el iPod diciendo que ya le habíamos dado mucho. Nosotros no lo aceptamos y le dijimos que en nuestra cultura un regalo no se devuelve. No sabemos si en verdad le regresarán la cámara, o si se trató de una excusa que inventó porque le da pena no poder correspondernos de la misma manera, o peor aún, si en el hotel se enteraron del nuevo regalo y le obligaron a que lo devolviera. Y también siempre estará la posibilidad de que todo haya sido un engaño o una buena actuación. Pero tal vez sea ahí donde debamos recordar la lección de nuestro amigo: let it be.  

  

jueves, 3 de diciembre de 2015

¿MAWLAMYINE O HPA-AN?


Aquellos que cruzan por tierra hacia Myanmar vía Mae Sot–Myawaddy y que cuentan con poco tiempo para recorrer el país, tendrán que elegir entre Hpa-An y Mawlamyine como primera parada … o bien seguir por 8 horas más hasta Yangón.

Ambos sitios cuentan con lugares fabulosos y presentan bastante bien la gente y la vibra del país, y aunque recomendaríamos que pasaran al menos una noche en cada uno, la finalidad de este post es decidirse por alguno de los dos.

Ojalá y seas un junkie sin remedio de estatuas de Buda ya que es el principal atractivo visual de Myanmar. Si no estás listo para una sobredosis permanente y hasta el coma de cacharros de iluminados, olvídate de recorrer el país en forma y mejor pásate unos días más en Tailandia, que cuenta con una mayor variedad de atracciones. Myanmar es Buda tras Buda tras Buda, al infinito.

Ya aclarada esta cuestión, aquí va cómo vimos y sentimos ambas ciudades.

¿Qué hay en Mawlamyine?
Para el que no ha visitado países con índices de desarrollo similares al de Myanmar, entender qué es y cómo se ve una ciudad pequeña-mediana en este país le resultará complicado. Mawlamyine es un extraño coctel de urbanización y subdesarrollo que por algunos momentos se asemeja un pueblo, y por otros a algún barrio marginal de una metrópoli. Pero como toda ciudad, se encuentra llena de vida; y como en todo este país, vive a través de su espiritualidad y de su gente.

A pesar de que la mayoría de las atracciones de Mawlamyine se encuentran fuera de la ciudad y apartadas entre sí, el sistema de “autobuses” o tout-tout, como les llaman aquí, te puede dejar cerca de ellas por un precio ridículo (1000 kyats o menos). Ni te pienses tomar algún tour o alquilar a algún motociclista por el día, te vas a perder lo mejor. Sin quitar mérito a los monumentos, lo mejor de conocer Mawlamyine es viajar con su gente haciendo su vida diaria: corriendo para alcanzar el camioncito, viajando con bultos de todo tipo, negociando el precio con el cobrador, y siempre, siempre con una enorme sonrisa, y lanzándote la frase que escucharás por todo tu viaje ¡Mingulaba! que es simplemente ¡Hola!


Si quieres comenzar el día con el plato fuerte, lánzate al colosal Win Sein Taw Ya, el segundo Buda reclinado más grande del mundo que se encuentra a unos 20 kilómetros al sur de la ciudad. Aunque aún no se encuentra terminado –y ya están construyendo uno aún más grande enfrente- es majestuoso. Abundar sobre su tamaño es inútil, aún no contamos con palabras para describir algo de esas dimensiones.



Si no te interesan tanto las piedras “turísticas” y lo tuyo es encontrar algo más auténtico, haz el viaje al monasterio de Pa Auk Taw Ya, que se encuentra unos 20 kilómetros al sureste de la ciudad. Se trata de un monasterio budista en medio del bosque que cuenta con uno de los más importantes centros de meditación Vipassana del país. Ver la vida diaria de los monjes en esta micro-ciudad y presenciar una sesión de meditación es algo simplemente inolvidable, y una experiencia mucho más grata que conocer a los monjes en el contexto de la ciudad, donde muchos podrían parecer menos, ejem, serios. Si te interesa entrarle, puedes quedarte una o varias noches y comer ahí sin pagar un solo centavo.


También puedes hacer el viaje al templo Nwa Le Bo, que se localiza a unos 15 kilómetros al norte de la ciudad. Este templo se encuentra en la cima de una montaña y alberga una roca dorada sagrada, así que si no piensas visitar el Monte Kyatkiyo ésta es tu oportunidad para ver algo del estilo. Si te sobran tres horas y tu condición física es digna del Iron Man, puedes subir a pie. Para los menos aventurados hay un camión en la base de la montaña que hace la subida, y que hará que recuerdes el rollercoaster más salvaje que hayas tomado … sin ningún tipo de seguridad. Pero eso sí, la vista desde la cima será una excelente recompensa.

 
Para cerrar con broche de oro y ya de vuelta por la ciudad, visita la pagoda Kyaik Than Lan, que es la principal Mawlamyine. Debido a que es el único monumento que realmente está dentro de la ciudad, tal vez sea el que cuenta con mayor vida de todos y es una perfecta introducción a las pagodas que verás por todo el país: el gran chedi dorado, las numerosas estupas, y los pequeños templos circundantes con su infinidad de Budas. El atardecer desde aquí es simplemente genial.




¿Qué hay en Hpa-An?

A pesar de que Hpa-An es el principal centro administrativo de la región, tiene un ritmo bastante más tranquilo que Mawlamyine. El problema es que no cuenta con atracciones per sé y la gama de servicios es bastante más reducida. Hpa-An destaca por las varias cuevas y montes budistas que se encuentran en la zona. A diferencia de Mawlamyine no se puede recorrer en transporte público, ya que la mayoría de los sitios no se encuentra sobre los caminos principales. Aquí la opción es rentar algún auto, tout-tout, o el servicio de un motociclista, que puede ir de los 20,000 a los 40,000 kyats. También está lo opción de que te rentes una moto, aunque necesitarás contar con un buen mapa y estar listo para pedir indicaciones en burmés ... o con señas. 

El paseo puede comenzar por la postal de Hpa-An, la pintoresca pagoda Kyauk Ka Lat, que se encuentra sobre una pequeña isla con una formación de roca caliza bastante extraña. Puedes seguir a los peregrinos hasta la mitad de la roca y después visitar el templo que se encuentra a las afueras del lago.

 
Muy cerca de la Kyauk Ka Lat se encuentra el monte sagrado Zwe Ga Bin. Aquellos con pulmones deportistas lograrán hacer la subida en unas dos o tres horas, pero si te decides por el camino de la aventura recuerda que no solo es la subida, también está la cuestión del sol. Si ya no estás para esos trotes, en la base de la montaña también puedes visitar un monasterio de madera de más de mil años de antigüedad, o deambular por el místico jardín de los mil Budas, que en realidad cuenta con más de mil estatuas idénticas de un Buda sentado.

 
Continuando en la misma dirección pero varios kilómetros más adelante llegarás a la Saddar Cave, o la Cueva del Elefante Real. Se trata de la quinta cueva más grande del país, y que alberga en su interior templos, estatuas y hasta un Buda dorado reclinado bastante grande. Una vez que pasas los templos puedes adentrarte hasta el fondo de la cueva siguiendo un precario camino de luces. Si nunca haz cruzado una caverna es una experiencia imperdible. Una vez que llegas a la salida encontrarás barcas de madera que pasan debajo de otra cueva para después dejarte en la entrada principal. 

 
Seguro te llevarán a muchos más lugares en el camino, algunos mejores que otros, pero no olvides decirle al conductor que te lleve al atardecer a la Bat Cave. Literalmente se trata de una cueva donde viven miles de murciélagos, y justo a esa hora es cuando todos salen masivamente de ella para buscar alimento. Un espectáculo de la naturaleza que no te puedes perder.



Entonces, ¿con cuál nos quedamos? 

Pues con Mawlamyine por dos sencillas razones: cuenta con mayor variedad de atracciones y te pone en la situación ideal para relacionarte con la gente de este país, que tiene muchísimo más valor que cualquiera de sus monumentos. Claro que Hpa-An vale la pena y como hemos dicho, si vas con tiempo también merece una visita, pero hay que reconocer que Mawlamyine resulta una alternativa un poco más económica, y es más viable para personas que viajan solas o para aquellos que no gustan de los tours.¿Y a ti cuál te gustó más?